Fue cualquier día de agosto, cuando sucedió lo más inesperado que hubiera pensado.
Transcurría un día normal, mi familia en casa departiendo unos tragos con amigos y yo como en días anteriores charlando contigo por el móvil. Hacia un par de días me habías dicho que querías conocer mi casa, a lo que exigí de la emoción que fuera pronto; sin embargo no habíamos fijado el día, pero esa misma tarde un "Ya salgo para allá, espérame" me hizo temblar hasta los cabellos más cortos en mi cabeza, acepte de inmediato pues deseaba verte, pero al mismo tiempo tenía los nervios de punta, recordaba como me había sentido la última vez que te había visto, con esos besos que prefiero no recordar por temor a estar más nervioso.
Transcurría un día normal, mi familia en casa departiendo unos tragos con amigos y yo como en días anteriores charlando contigo por el móvil. Hacia un par de días me habías dicho que querías conocer mi casa, a lo que exigí de la emoción que fuera pronto; sin embargo no habíamos fijado el día, pero esa misma tarde un "Ya salgo para allá, espérame" me hizo temblar hasta los cabellos más cortos en mi cabeza, acepte de inmediato pues deseaba verte, pero al mismo tiempo tenía los nervios de punta, recordaba como me había sentido la última vez que te había visto, con esos besos que prefiero no recordar por temor a estar más nervioso.
Fui a tu encuentro, ansioso y deseoso de poder pasar una tarde tranquila contigo; como no sabias exactamente donde vivía elegimos un punto de encuentro y allí estábamos los dos, listos para tomar el camino hacia mi casa, al llegar, sentí tu incomodidad, era la primera vez que estabas allí y no conocías a mis padres, no importo y te hice pasar... Luego de largas charlas, supe que estábamos solo
s en casa -por fin-, tenía tantos deseos de besarte y volver a sentir todo ese calor que abrasaba mi cuerpo cuando tocaba tus labios, pero no había tenido la valentía de hacerlo. Me acerque un poco a ti y te dije cuantas ganas de besarte tenía, tu respuesta fue más que clara, pues medio segundo después nos sumergimos en un profundo e intenso beso, tome de tu cintura y te apreté hacia mi... Te agarre de una de tus piernas y la cruce por encima mio, te subí arriba de mi, los pocos centímetros que me separan de ti parecían kilómetros, no nos dijimos palabra alguna, nuestros cuerpos hablaron por nosotros y el ardiente deseo.
Mientras te besaba locamente por el cuello, parecía que ibas a hacer lo mismo, cuán equivocado estaba, un mordisco y perdí los estribos, me lance a solo desnudarte -como era eso posible, minutos antes solo creí poder besarle-, ella hizo lo mismo conmigo, me subí encima, quería ver la parte desnuda de su cuerpo e intente terminar lo que había empezado, solo quería que estuviera totalmente desnuda, pero un pensamiento me atacó -iré demasiado rápido, esto no debería pasar ahora si en realidad quiero demostrarle que quiero en serio algo con ella-, lo cual fue demasiado notorio, salieron las primeras y únicas palabras de aquel momento.
-Que pasa? -dijo entre gemidos esa hermosa mujer, lo cual solo hizo desearla más.
-Es que no quiero que pienses que vamos demasiado rápido, estás segura de esto?
Lo siguiente fue la mejor respuesta que nunca antes había recibido, un beso tan ardiente como el que inicio todo y otro mordisco para que nuevamente perdiera los estribos y las ultimas palabras de aquel momento fueron dichas por mi y eran: "Ya que insistes" y me lance a arrancar su ropa, ella hábilmente arranco la mía y me fundí en el calor de su piel, la poseí como nunca lo había hecho a una mujer, quería pegarme a su piel y desbocar todo el deseo que estaba sintiendo por ella en ese momento, solo quería más de ella, quería hacerla más mía... Sin piedad le di todo de mi, hasta que algo abrupto interrumpo aquel momento, no pudimos concretar lo que parecía la primera vez que alguien puede probar el elixir de la vida y se queda solo agarrando la copa, pero no por eso fue especial, porque ese es uno de esos recuerdos que por más que intentes, no saldrán de tu mente jamas.
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