-Creo que ya es hora de que te vistas, ya casi me tengo que ir, podemos seguir esto otro día- dijo Juliet algo distante.
-Ya casi lo tengo, pero como quieras- respondió él -antes quiero que veas esto-
John lanzó una de las cartas hacia ella haciéndola saltar de sorpresa ante el roce. Se escuchó un pequeño golpe, Julieta vio estupefacta uno de sus colgantes partido en dos, en el suelo, se devolvió con enojo a su atacante pero este estaba ya en el baño poniéndose la ropa. Al menos había aceptado su sugerencia, eso le tranquilizó.
Una vez vestido, John se asomó en silencio, Juliet jugaba con las cartas como si fueran pelotas de baloncesto. Giraban en sus dedos, incluso una de ella llegó a girar tan rápido que una pequeña gota de sangre se deslizó por el dedo índice. John alarmado quiso advertirle que tuviera cuidado, dio un paso adelante y antes de poder decir una palabra, todas las cartas salieron disparadas cual cuchillas afiladas contra su cuerpo. Eran como ráfagas de viento tajante que le obligaron a cerrar los ojos por un minuto. Su traje caía hecho pequeñas tiras de tela hasta dejarlo en ropa interior.
-¡Oh mierda!, he fallado, se suponía que no debías quedar con nada encima- lanzó una risilla burlesca.
-¿¡Estás loca!? ¿Qué pretendes? Si querías verme desnudo solo lo hubieras dicho, no había necesidad de intentar mutilarme.
-Y es que… ¿Podía lograrlo así de fácil? Pensaba que con todo eso del traje y tus aires de superioridad, tendría que ser un poco más agresiva- Había cambiado su tono, era sugestiva y lanzaba una mirada directa.
-No te engañes, no quise hacerte lo mismo antes, pero luego de esto creo que es justo que lo haga- dijo John tomando las cartas que antes habían cortado su traje y haciéndolas girar en sus dedos igual que Juliet.-Quiero verte intentándolo chico listo- Lanzó una grotesca carcajada -Te recuerdo que cuando intentaste hacerlo estuviste muy lejos de hacerlo como yo- Comenzaba a deslizarse con encanto por el lugar, había perdido ya todo signo de incomodidad.
John esbozó una sonrisa y lanzó todas las cartas que tenía en sus manos. Juliet era una experta, engañarla o sería simple, eso lo sabía. Cada carta que John lanzó, ella la atrapaba entre sus dedos sin dejarle un solo rasguño.
-Buen intento, pero te falta mucho para llegar a mi nivel, lo siento- se contoneaba con orgullo.
-Sí, sobre eso… -fulminó con una desconcertante mirada de victoria.
Sacó de la nada una ultima carta, la giró un poco, pero está vez cerró los ojos y la lanzó directamente al pecho de Juliet. Ella sonrió, esa se le haría incluso más fácil que las otras. Unos instantes antes de que golpeara su pecho, John abrió los ojos y alzó una ceja dando una especie de orden a aquella carta con sus manos. La carta se dividió en muchas que tomaron diferentes direcciones, ella quedó inmóvil viéndolas pasar a su alrededor sin sentir un solo cosquilleo. Se relajó sonriente, pero al dar un paso adelante, justo antes de burlarse del intento fallido de John, su ropa comenzó a bajar hecha pedazos por su cuerpo. Él no había fallado.
John se deleitaba con aquella escena lleno de un creciente ímpetu de victoria, deseo, algo de lujuria y con un poco de burla por supuesto. La insolente joven que le había estado “enseñando” se encontraba desnuda y desorientada frente a él.
-Te lo dije, no te engañes. Pueden llegar a pasar cosas como esta si te confías- dicho esto, John usó uno de sus trucos de ilusión más populares, desaparecer.
-Pero… Pero ¿Dónde estás? Ahora que voy a hacer, no tengo ropa con que irme de aquí ¡Maldita sea, aparece!- Juliet intentaba cubrirse en vano, estaba expuesta y vulnerable, toda su confianza se había esfumado.
-No te preocupes- Susurró a su oído despojándola de las manos que con torpeza cubrían su cuerpo -Esta noche puedes dormir aquí, ya después conseguiré algo de ropa para ti- Juliet solo escuchó lo que quería escuchar, que podría quedarse a dormir con él, era lo que más deseaba, todo lo demás fueron balbuceos, se estremecía en sus adentros.
John intentaba contener las ganas que tenía de besarla y tocarla, trataba de hacer que ella fuera quien se acercara y le diera pase libre para hacer todo lo que deseaba, a pesar de sentir como se agitaba al respirarle al oído, notaba en su rostro la tensión y la inseguridad. Soltó sus manos, le tomó los senos, los acarició lentamente y la atrajo hacía su cuerpo, sus pieles ardían, no pudo contenerse más, la hizo girar y la besó con ansiedad.-Oye, ¿estás seguro de lo que haces?- Musito Juliet con voz entrecortada.
John agarró fuertemente su trasero para levantarla un poco, la dejó a escasos centímetros y la volvió a besar, podía acariciarla con el aire que exhalaba, ella lanzó un gemido silencioso que él pudo escuchar a la perfección. Eso bastó para que explotara en un beso salvaje, usó sus manos con destreza, mientras una se paseaba por los pechos de Juliet, la otra se iba deslizando lentamente por su abdomen hasta llegar a su entrepierna y entre más bajaba, la piel de la joven se erizaba con mayor notoriedad.
-¿Esto responde a tu pregunta? -John le susurró al oído.
-Yo… Tengo que decirte algo- Su tono de inseguridad había vuelto.
-¿Qué pasa?- sus manos había frenado en seco.
-Es que… Soy virgen- Agachó la cabeza.
-Oh, claro y yo tengo 15 años… En serio, ¿qué sucede?-
-Hablo en serio, estúpido. Me fui de casa a los 17 y desde entonces he vivido en la calle sola, ¿No crees que si no lo fuera, habría aprovechado mi cuerpo para encontrar alguien o por lo menos lugar donde quedarme?- Advirtió Juliet con su insolencia habitual.
John enmudeció, estaba más que sorprendido, en aquellos ojos no había muestra de engaño, contrario a ello, adquirió de pronto una imagen de vulnerabilidad e inexperiencia, ya no lucía como la imponente mujer de la plaza, pero lucía igual de hermosa. Una sonrisa se dibujó en su rostro -No te preocupes, a pesar de que no puedo evitar sorprenderme, ha sido una sorpresa bastante especial- la tomó por el mentón, le levantó el rostro, le sonrió y la besó. Entonces se dio cuenta de lo insensible que había resultado su comentario anterior -¿Acaso quieres que…?-
-Supongo que… Ten cuidado- Le dijo aquello mirándole a los ojos.
John hizo caso omiso lo que ella le pidió, cuidó cada caricia, cada beso, con la mayor delicadeza pero sin dejar de lado su intensidad y pasión. Besó cada parte de su cuerpo haciéndola gemir de deseo hasta los gritos. Penetró en su sexo con tacto y lentitud, ella no sintió dolor o por lo menos a él no le pareció, en ningún momento lo detuvo, al menos no un dolor lo suficientemente molesto. Su rostro era de placer indescriptible, ninguna de las mujeres con las que antes había estado expresó tal sensibilidad como aquella chica. Fue auténtica magia.
Despertó luego de un profundo sueño, miró hacia la ventana, ya estaba amaneciendo. Buscó a su derecha con la mirada y allí estaba ella, dormida junto a él con la mayor confianza del mundo, totalmente desnuda. John sonrió y trato de recordar todo lo que había pasado, llegó a la conclusión que una virgen le había dado la mejor noche de sexo de su vida y que ahora tendría que devolverle dos favores, pues ya se sentía un experto con las cartas. Se levantó, hizo una llamada y fue hacia la cocina. Regresó cuando Juliet estaba despertando y le llevó el desayuno a la cama, le dio un beso y se sentó a su lado.
-En 2 horas sale tu vuelo, espero sepas ruso, iras a Moscú para tu primera presentación- le dijo.
A Juliet, que apenas probaba el jugo de naranja, le fue casi imposible no escupir todo el sorbo -¿Moscú? Pero… ¿Cómo lo hiciste?¡Si apenas son las siete de la mañana! -Exclamó muy entusiasmada Juliet mirando el reloj.
-Ese fue el trato, solo que por lo de anoche, quise darte un regalo para que nunca más vuelvas a vivir un solo día en la calle y quien sabe si con eso por lo menos me aseguro que algún día vuelvas a mí- John la llevó de compras, era como ver a una niña en navidad rodeada de juguetes, fue momento de la despedida, él no podía llevarla al aeropuerto, pues tenía otro compromiso.
La hizo prometer que volverían a verse algún día cuando fuera exitosa, a lo que ella accedió sin ninguna objeción, la montó en un taxi y le dijo adiós. El taxi partió, el joven mago observó el hermoso parque que se extendía frente a él en todo su esplendor. Inhaló profundo, sintió cierta curiosidad, tenía una corazonada, algo le decía que el estar allí no era casualidad, algo le decía que allí encontraría lo que hace mucho buscaba.








