jueves, 27 de febrero de 2014

Un juego de azar 2

John estaba entusiasmado por empezar nuevamente pero comenzaba a notar algo de ansiedad en Juliet, así que decidió que tal vez sería buena idea posponer el entrenamiento. La joven parecía molesta o incómoda por algo.
-Creo que ya es hora de que te vistas, ya casi me tengo que ir, podemos seguir esto otro día- dijo Juliet algo distante.
 -Ya casi lo tengo, pero como quieras- respondió él -antes quiero que veas esto-
John lanzó una de las cartas hacia ella haciéndola saltar de sorpresa ante el roce. Se escuchó un pequeño golpe, Julieta vio estupefacta uno de sus colgantes partido en dos, en el suelo, se devolvió con enojo a su atacante pero este estaba ya en el baño poniéndose la ropa. Al menos había aceptado su sugerencia, eso le tranquilizó.
Una vez vestido, John se asomó en silencio, Juliet  jugaba con las cartas como si fueran pelotas de baloncesto. Giraban en sus dedos, incluso una de ella llegó a girar tan rápido que una pequeña gota de sangre se deslizó por el dedo índice. John alarmado quiso advertirle que tuviera cuidado, dio un paso adelante y antes de poder decir una palabra, todas las cartas salieron disparadas cual cuchillas afiladas contra su cuerpo. Eran como ráfagas de viento tajante que le obligaron a cerrar los ojos por un minuto. Su traje caía hecho pequeñas tiras de tela hasta dejarlo en ropa interior.
 -¡Oh mierda!, he fallado, se suponía que no debías quedar con nada encima- lanzó una risilla burlesca.
  -¿¡Estás loca!? ¿Qué pretendes? Si querías verme desnudo solo lo hubieras dicho, no había necesidad de intentar mutilarme.
 -Y es que… ¿Podía lograrlo así de fácil? Pensaba que con todo eso del traje y tus aires de superioridad, tendría que ser un poco más agresiva- Había cambiado su tono, era sugestiva y lanzaba una mirada directa.
 -No te engañes, no quise hacerte lo mismo antes, pero luego de esto creo que es justo que lo haga- dijo John tomando las cartas que antes habían cortado su traje y haciéndolas girar en sus dedos igual que Juliet.
-Quiero verte intentándolo chico listo- Lanzó una grotesca carcajada -Te recuerdo que cuando intentaste hacerlo estuviste muy lejos de hacerlo como yo- Comenzaba a deslizarse con encanto por el lugar, había perdido ya todo signo de incomodidad.
John esbozó una sonrisa y lanzó todas las cartas que tenía en sus manos. Juliet era una experta, engañarla o sería simple, eso lo sabía. Cada carta que John lanzó, ella la atrapaba entre sus dedos sin dejarle un solo rasguño.
 -Buen intento, pero te falta mucho para llegar a mi nivel, lo siento- se contoneaba con orgullo.
 -Sí, sobre eso… -fulminó con una desconcertante mirada de victoria.
Sacó de la nada una ultima carta, la giró un poco, pero está vez cerró los ojos y la lanzó directamente al pecho de Juliet. Ella sonrió, esa se le haría incluso más fácil que las otras. Unos instantes antes de que golpeara su pecho, John abrió los ojos y alzó una ceja dando una especie de orden a aquella carta con sus manos. La carta se dividió en muchas que tomaron diferentes direcciones, ella quedó inmóvil viéndolas pasar a su alrededor sin sentir un solo cosquilleo. Se relajó sonriente, pero al dar un paso adelante, justo antes de burlarse del intento fallido de John, su ropa comenzó a bajar hecha pedazos por su cuerpo. Él no había fallado.
John se deleitaba con aquella escena lleno de un creciente ímpetu de victoria, deseo, algo de lujuria y con un poco de burla por supuesto. La insolente joven que le había estado “enseñando” se encontraba desnuda y desorientada frente a él.
 -Te lo dije, no te engañes. Pueden llegar a pasar cosas como esta si te confías- dicho esto, John usó uno de sus trucos de ilusión más populares, desaparecer.
 -Pero… Pero ¿Dónde estás? Ahora que voy a hacer, no tengo ropa con que irme de aquí ¡Maldita sea, aparece!- Juliet intentaba cubrirse en vano, estaba expuesta y vulnerable, toda su confianza se había esfumado.
-No te preocupes- Susurró a su oído despojándola de las manos que con torpeza cubrían su cuerpo -Esta noche puedes dormir aquí, ya después conseguiré algo de ropa para ti- Juliet solo escuchó lo que quería escuchar, que podría quedarse a dormir con él, era lo que más deseaba, todo lo demás fueron balbuceos, se estremecía en sus adentros.
John intentaba contener las ganas que tenía de besarla y tocarla, trataba de hacer que ella fuera quien se acercara y le diera pase libre para hacer todo lo que deseaba, a pesar de sentir como se agitaba al respirarle al oído, notaba en su rostro la tensión y la inseguridad. Soltó sus manos, le tomó los senos, los acarició lentamente y la atrajo hacía su cuerpo, sus pieles ardían, no pudo contenerse más, la hizo girar y la besó con ansiedad.
 -Oye, ¿estás seguro de lo que haces?- Musito Juliet con voz entrecortada.
John agarró fuertemente su trasero para levantarla un poco, la dejó a escasos centímetros y la volvió a besar, podía acariciarla con el aire que exhalaba, ella lanzó un gemido silencioso que él pudo escuchar a la perfección. Eso bastó para que explotara en un beso salvaje, usó sus manos con destreza, mientras una se paseaba por los pechos de Juliet, la otra se iba deslizando lentamente por su abdomen hasta llegar a su entrepierna y entre más bajaba, la piel de la joven se erizaba con mayor notoriedad.
  -¿Esto responde a tu pregunta? -John le susurró al oído.
  -Yo… Tengo que decirte algo- Su tono de inseguridad había vuelto.
  -¿Qué pasa?- sus manos había frenado en seco.
 -Es que… Soy virgen- Agachó la cabeza.
 -Oh, claro y yo tengo 15 años… En serio, ¿qué sucede?-
 -Hablo en serio, estúpido. Me fui de casa a los 17 y desde entonces he vivido en la calle sola, ¿No crees que si no lo fuera, habría aprovechado mi cuerpo para encontrar alguien o por lo menos lugar donde quedarme?- Advirtió Juliet con su insolencia habitual.
John enmudeció, estaba más que sorprendido, en aquellos ojos no había muestra de engaño, contrario a ello, adquirió de pronto una imagen de vulnerabilidad e inexperiencia, ya no lucía como la imponente mujer de la plaza, pero lucía igual de hermosa. Una sonrisa se dibujó en su rostro -No te preocupes, a pesar de que no puedo evitar sorprenderme, ha sido una sorpresa bastante especial- la tomó por el mentón, le levantó el rostro,  le sonrió y la besó. Entonces se dio cuenta de lo insensible que había resultado su comentario anterior -¿Acaso quieres que…?-
 -Supongo que… Ten cuidado- Le dijo aquello mirándole a los ojos.
John hizo caso omiso lo que ella le pidió, cuidó cada caricia, cada beso, con la mayor delicadeza pero sin dejar de lado su intensidad y pasión. Besó cada parte de su cuerpo haciéndola gemir de deseo hasta los gritos. Penetró en su sexo con tacto y lentitud, ella no sintió dolor o por lo menos a él no le pareció, en ningún momento lo detuvo, al menos no un dolor lo suficientemente molesto.  Su rostro era de placer indescriptible, ninguna de las mujeres con las que antes había estado expresó tal sensibilidad como aquella chica. Fue auténtica magia.

Despertó luego de un profundo sueño, miró hacia la ventana, ya estaba amaneciendo. Buscó a su derecha con la mirada y allí estaba ella, dormida junto a él con la mayor confianza del mundo, totalmente desnuda. John sonrió y trato de recordar todo lo que había pasado, llegó a la conclusión que una virgen le había dado la mejor noche de sexo de su vida y que ahora tendría que devolverle dos favores, pues ya se sentía un experto con las cartas. Se levantó, hizo una llamada y fue hacia la cocina. Regresó cuando Juliet estaba despertando y le llevó el desayuno a la cama, le dio un beso y se sentó a su lado.
 -En 2 horas sale tu vuelo, espero sepas ruso, iras a Moscú para tu primera presentación- le dijo.
A Juliet, que apenas probaba el jugo de naranja, le fue casi imposible no escupir todo el sorbo -¿Moscú? Pero… ¿Cómo lo hiciste?¡Si apenas son las siete de la mañana! -Exclamó muy entusiasmada Juliet mirando el reloj.
 -Ese fue el trato, solo que por lo de anoche, quise darte un regalo para que nunca más vuelvas a vivir un solo día en la calle y quien sabe si con eso por lo menos me aseguro que algún día vuelvas a mí- John la llevó de compras, era como ver a una niña en navidad rodeada de juguetes, fue momento de la despedida, él no podía llevarla al aeropuerto, pues tenía otro compromiso.
 La hizo prometer que volverían a verse  algún día cuando fuera exitosa, a lo que ella accedió sin ninguna objeción, la montó en un taxi y le dijo adiós. El taxi partió, el joven mago observó el hermoso parque que se extendía frente a él en todo su esplendor. Inhaló profundo, sintió cierta curiosidad, tenía una corazonada, algo le decía que el estar allí no era casualidad, algo le decía que allí encontraría lo que hace mucho buscaba.


Por:  Mr Amsterdam
        Daniela.

miércoles, 19 de febrero de 2014

12 días sin normas al año

Vengo hoy a inaugurar un espacio en este blog para algo que puede ser muy facilmente la idea más innovadora que he visto en mucho tiempo, consiste simplemente en hacer de los días 19 de cada mes, un día diferente, la iniciativa toma por nombre "La norma es que no hay norma los 19 de cada mes", aunque la pregunta que puede hacerse es, ¿Por qué los 19? Pues, aquí les comparto fragmento de aquel blog donde lo explica...
De pronto es 20 de abril de 2012. Es un día especial, se estrena el episodio 19 de la 4ta temporada de Fringe. Es el episodio “loco”. Poco importa si no entendemos nada. Es la particular victoria de la vida al aburrido mundo (paralelo) lineal.
Demos un paso atrás para explicar un pequeño detalle. El episodio 19 en cada temporada de Fringe es diferente, extraño, se sale del molde, es el momento cuando el éxito se regodea con el “hago lo que me da la gana”. Puede ser un episodio musical, un cómic o una historia en el año 2036. La idea es que sea algo diferente, un viaje, una vuelta de tuerca hacia el otro lado, o hacia ninguna parte.
La norma es que no hay norma en el episodio 19.
La iniciativa no es más que no dejar que sea solo la TV quien se salga del molde con la cotidianidad, nosotros mismos podemos usar un día al mes, para vivir la vida de forma distinta, romper la rutina del diario vivir, no necesariamente debe ser algo ostentoso, solo algo que rompa tu rutina.
  -Leer un nuevo libro en cama.
  -Pasar el día jugando videojuegos.
  -Montarte en el bus que va más lejos de la ciudad y dar el recorrido completo.
  -Salir a jugar a la calle como lo hacías de niño.
  -Ir con tu novi@ donde no acostumbre, comer un helado y charlar (Esto lo hice en mi primer 19 y puta madre, ha sido un día genial).
No importa que sea lo hagas en ese día, solo hazlo diferente. Feliz 19.


Viviendo un día 19

La felicidad se puede explicar de muchas maneras, todas las personas tienen conceptos de felicidad mucho más complejos que otras y eso nunca cambiará.
Para unos la felicidad puede representarse en buenas notas en sus estudios, exito en sus proyectos, ser amado por alguien, hacer un viaje, comer, dormir, bailar, etc. Todo esto representa felicidad; sin embargo pasamos mucho tiempo buscando una felicidad completa, la gran felicidad que duré y sea prolongada, y nos olvidamos que esas pequeñas cosas que nos hacen felices, cuando las juntamos en recuerdos se convierten en esa gran felicidad.
Así como para unos el tener dinero, mujeres, o simplemente ser exitoso en todo representa su felicidad, para mi, es comer un helado al lado de quien quiero, conversar y reírnos, caminar juntos, hablar por WhatsApp y seguir riendo, decirle que la quiero, que ella me diga que me quiere, recordar lo que hice en el día y a pesar que no fue mucho, ser intensamente feliz.
Todos tenemos formas de ser felices, está fue la mía en este 19, un día "aparentemente normal" pero quizá el más feliz para mi.

sábado, 8 de febrero de 2014

Una noche, un cielo gris

En tan solo un instante de ver hacia la ventana del carro, mientras regresaba a casa, pude ver en un negro cielo nocturno que ya no era tan negro, estaba lleno de grandes nubes cargadas que tomaban el color rosa, el cual avisaba de una posible tormenta.

En noches como estás empiezo a pensar mucho, reflexionar sobre cualquier cosas. Las sombras de los arboles, las luces sobre la carreta y encima el cielo nublado, me hizo pensar sobre mi vida y de porque me sentia tan familiarizado con ese tipo de ambiente. Era feliz. Me sentia agusto con cada cosa que iba viendo en ese oscuro paisaje; sin embargo me di cuenta que mi vida estaba regida por el caos, buscaba siempre verle la peor cosa a todo lo que pasaba en mi vida y siempre podía buscar algo mucho peor, aunque fuera totalmente salido de la realidad.

Soy alguien que a veces ve solo lo que quiere ver, pero que tan diferente puede ser esto de cada persona en el mundo? Hablar sobre una realidad universal seria lo más absurdo de lo que se podría hablar, todos vemos una realidad distinta, todos de cierta forma vemos lo que queremos ver de lo que nos rodea. Mi vida esta llena de caos y de lo malo que siempre pueda pasar, ha estado tan llena de decepciones, fracasos, traiciones que es como siempre estar pre-dispuesto a que cualquier persona en mi vida en cualquier momento puede traicionarme. Quizá por eso tengo la facilidad de sacar a cualquier persona de mi vida en un segundo, que cuando yo lo decida no me importe en lo más minimo alguien o algo, yo mismo decido no hacer nada.

Mi vida puede ser un caos, pero en ese caos he aprendido a vivir y ser feliz.

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miércoles, 5 de febrero de 2014

Un juego de azar

En una noche del mes de octubre, durante la celebración de Halloween, John Knocks estaba intentando probar un nuevo truco para su público. John era un mago de profesión, su mayor destreza hasta ahora, la parte más aclamada de sus actos y con la que más envolvía de risas a su público era la hipnosis contrario a ella, los actos con juegos de azar era la gran debilidad de John. Era pésimo con las cartas, por eso se dedicó a perfeccionar sus técnicas de ilusionismo.

Esa noche del 31 octubre, mientras se preparaba para su nuevo acto en una plaza pública donde todas las personas iban a mostrar sus ingeniosos vestuarios, hasta el otro lado de su puesto un tumulto de personas curiosas se acrecentaba llamando su atención. En medio de la multitud una rubia de piernas largas y descubiertas, delgada y de altura promedio, lucía un short de jean con tiras rotas colgando, una sudadera negra en la que se alcanzaba a leer la palabra “Eminem” y  unas vans blancas. La maliciosa curiosidad por saber lo que tenía en mente aquella mujer rasgaba las entrañas del joven mago. Las personas seguían acercándose, parecía ser un acto más, quizá una contendiente buscando conquistar su público, en aquel sitio y más en esa festividad, los nuevos espectáculos eran muy comunes.

Se fue acercando cautelosamente para obtener una mejor vista, se perdió entre las personas que estaban allí para no dar aviso de su presencia a aquella mujer. Se hacía llamar Juliet D'Fleur -o al menos eso escucho al aproximarse lo suficiente-. Detrás de una pareja que se había detenido a ver el acto, obtuvo la vista perfecta de aquella inocultable belleza de piel bronceada, rasgos finos y brillantes ojos miel que atrapan a cualquiera que se atreviera a mirarlos muy fijamente.

El acto dio comienzo, la mujer sacó un manojo de cartas y capturó con ellas toda la atención de  Knocks.

 -Un voluntario por favor que se acerque. ¡Vamos! No teman, yo no muerdo,  por lo menos no en público -Dijo sonriendo, las risas curiosas del público no se hicieron esperar -¿Nadie?-

-Yo…  Aquí. Quiero participar -Dijo John impetuoso, ocultando cada pizca de duda, en realidad no quería acercarse demasiado.

-¡Oh! Un chico elegante, ¿Cuál es tu disfraz? -Juliet se mostró interesada en la elegancia que portaba su voluntario en un día como ese.

-No estoy disfrazado realmente, me gusta vestirme de traje -Dijo John, mientras acomodaba su saco de Antonio Piazzi importado, su más elegante y preciada prenda.

-Muy bien, un chico que se cree bastante maduro para esas cosas. Ya verás que te sorprenderás-Juliet mezclaba las cartas con una destreza incomparable, John jamás había visto tal cosa, ni en los grandes casinos a los que había visitado -Lo que harás será tomar una carta del mazo, verla y devolverla sin que yo la vea ¿Entendido?-.

 -Entendido-John tomo la carta, una reina de picas, y la devolvió fijándose detenidamente en que D'Fleur no la viera.

-Perfecto, ahora todos presten mucha atención a lo que va a pasar, esto nunca nadie lo había hecho y ustedes son muy privilegiados al poder ver algo de esta magnitud- Oraba con el entusiasmo de una animadora de feria.

Mezcló un par de veces más las cartas, de la nada apareció un hombre que parecía ser su ayudante con unos petardos, Juliet puso todo el mazo en el piso e hizo que los incendiaran y con ese fuego, encendió los pequeños petardos mandándolos a volar. Solo tres de ellos no salieron disparados, los demás salieron y explotaron en el cielo formando una especie de rectángulo con la forma de lo que parecía una carta. Antes que se apagaran, tomó una carta que aún estaba encendida y volvió a encender los petardos faltantes, esta vez sí salieron y explotaron formando lo que completaría aquella reina de picas en el cielo. El público asombrado veía el rostro pálido de John observando en el cielo la figura de la carta que pocos minutos antes había escogido.

-¿Cómo carajos hiciste eso? –Preguntó, la expresión de estupefacción aun no abandonaba su rostro -Vi y analice todo el maldito truco… Yo también hago magia-

 Juliet reía colocándose la mano encima de su boca -Eres un novato si crees que eso solo es magia, lo que yo hago es arte querido amigo, ¿De verdad crees que yo te lo diría?- Respondió mostrando la ironía característica de algo totalmente obvio-

-Sé que no, pero puedo ofrecerte cosas grandes a cambio- John improvisaba- Veo que te ganas la vida de los espectáculos que das - Expresaba franqueza para acentuarse ante aquella mujer que, en el fondo, le había vuelto añicos la razón -¿Te gustaría dar tus espectáculos en grande? ¿Viajar por el mundo?-

-¿Y cómo es que tú puedes ofrecerme eso? –Juliet frunció el ceño con escepticismo, parecía muy en el fondo interesada en sacar información.

-Pues sé que no eres la típica rubia tonta, tocaste la seda de mi traje lo cual indica que sabes que ni con años de vivir así me alcanzaría para comprarlo- Puntualizo John con aires de grandeza-.

-Solo responde. -dijo tajante. 

-Te veo mañana. Toma, allí está mi número y la dirección de mi apartamento -dijo John mientras entregaba su tarjeta de presentación a Juliet.

Ya estaba por amanecer y John no había podido dormir en toda la noche, decidió a eso de las 7 tomar una ducha, por si a Juliet se le daba por cumplir su cita, por lo menos tendría una hora para estar listo. Pasó un buen rato en la ducha, se afeito y se echó un poco de perfume antes de salir.

-¡Pero qué…! ¡¿Cómo entraste?!- Gritó exaltado al ver aquella fémina figura sentada en su cama-.

-Secretos del oficio, querido. No es muy difícil violar una cerradura- Respondió Juliet mientras de un salto se paraba de la cama. Husmeaba toda la habitación de John -Tienes un apartamento muy bonito ¿Cómo consigues el dinero para pagar algo así?

 -Secretos del oficio, querida. No es muy difícil conseguir dinero- Dijo John sonriendo ironía. Se dirigió al armario por su ropa, la inesperada visita en su habitación lo había hecho olvidar por completo que estaba apenas saliendo de la ducha y que aún llevaba solo la toalla puesta.

Al estar a unos escasos pasos del armario, sintió un leve roce en la piel del abdomen que lo hizo retroceder. Volteó y vio que Juliet estaba barajando un manojo de cartas y que una de ellas estaba insertada en la puerta del armario que hacía apenas un segundo, él estaba dispuesto a abrir.

-Excelente, ese me encantó. Pero ahora necesito mi ropa, no querrás que me quede así- Decía John volviendo a tomar la puerta del armario para sacar su ropa pero una vez más se vio obligado a retroceder, Juliet había lanzado otra carta, exactamente encima de la que se había insertado antes en la puerta del armario, destrozándola y tomando el lugar de la anterior.

-Ya entendí  que sabes usar las cartas, ahora por favor déjame ponerme mi ropa-

Juliet levanto la ceja un poco y le dio una pícara sonrisa -No creo que sea necesaria la ropa en este instante, lo que vas a aprender lo puedes aprender con o sin ropa y entre más rápido salgamos de esto mucho mejor- Dijo mientras reparaba el marcado cuerpo de John de arriba abajo-.

  -¿Me estás tomando el pelo? Irrumpes sin aviso en mi apartamento y ¿Pretendes que me quede casi desnudo toda la mañana?- John sonaba un poco irritado –Eso no estaba en la propuesta-

-Eso es exactamente lo que quiero, entonces… ¿Lo tomas o lo dejas? –Pregunto ella aun sonriendo, sabía que su contrapropuesta no será rechazada.

Juliet se encargó de explicarle a John su arte, como manejarla y como ponerla en práctica de manera correcta. Decía que esa habilidad la había heredado de su abuelo, que había sido en su tiempo, un maestro de las cartas. La intensidad de la enseñanza de Juliet motivo a John a trabajar más duro, habían pasado ya cuatro horas John ya se sentía un poco exhausto, le propuso a Juliet tomar un descanso para preparar algo de desayuno, ella acepto sin objeción, se moría de hambre. Ella con dificultad le contó que sus padres nunca aprobaron que ella mostrara a las personas lo que sabía hacer con las cartas y que en el último año la echaron de casa. No tenía más familiares en la ciudad, todos vivían muy lejos, por esa razón hacía lo que hacía y así había logrado sobrevivir desde sus 17 años.

Mientras John preparaba unos improvisados waffless, Juliet no paraba de mirarlo, se deleitaba con aquella espalda musculosa y descubierta. De a momentos le resultaba electrizante, le llegaba de repente el enorme deseo de arrebatarle lo único que traía puesto y dejarse llevar.

Por: Mr Amsterdam.

Rincón de las malas intenciones


Buen día, querido lector casual. Hoy traigo este pequeño espacio en mi blog, una nueva sección llamada “El rincón de las malas intenciones”.

¿De qué se trata?

Se trata de un espacio de relatos de carácter adulto con historias inspiradas en el placer, la seducción, la perversión y los malos pensamientos. Así que si andabas en busca de pasión y lujuria, ¡Este es tu lugar! Un lugar que, como su nombre lo indica, estará lleno de malas y prohibidas intenciones.

Esta sección de lectura erótica la estaré llevando en coautoría de la colaboradora del blog. Por fuera de la sección, aquí seguiré trabajando en mi escritura individual.

Espero vernos con frecuencia en este rincón.
Mr. Amsterdam.





Relatos de este rincón:

-Un juego de azar.


martes, 4 de febrero de 2014

Conocidos por casualidad (PARTE FINAL)

Después de un muy buen rato en un profundo silencio, Danielle decidió levantarse, soltó al caballo del árbol donde estaba agarrado y se subió, Tom sorprendido se levantó y le pregunto qué estaba haciendo, que si no se acordaba de lo que había pasado minutos antes por dejarla tomar las riendas del caballo.

  -Confía en mí, esto lo hago por los dos –dijo con una tierna sonrisa en su rostro-.

  -Pe-pero y si volvemos a caer o nos pasa algo peor, no me lo perdonaría –bajaba la mirada Tom en muestra de derrota-.

  -Solo te pido que confíes en mí, está vez, soy yo quien te pide que me dejes intentarlo, si llega a pasar algo será enteramente mi culpa –le extendió la mano a Tom, pidiéndole que subiera al caballo con ella-.

No tuvo mucho que pensar, confiaba en ella, de manera que no podía explicar cómo no podía ser capaz de decirle que no a Danielle, se subió con ella y le indico varias veces que debía hacer con las riendas y la fuerza que debía usar a la hora de frenar. Danielle dio un par de taconazos al caballo y esté arranco a trotar, aunque al principio se asustó un poco, logro tomar el control del caballo y empezó a disfrutar de la brisa haciéndole alocar su cabello y detrás de ella, ver a un chico que disfrutaba de ver la destreza con la que esa chica que hace muy poco tiempo, casi muere ahogada por indiscreciones de él y prácticamente obligarla a hacer algo que ella no sabía.

  -¿Cómo es que lo has dominado en tan poco tiempo? –Decía Tom con un tono de sorpresa muy notable-.

  -Pues solo quería demostrarte que todos podemos superar nuestros temores si estamos dispuestos a afrontarlos, mi temor era caerme del caballo pero ves que lo he dejado atrás y ahora puedo dominarlo, tú puedes hacer lo mismo con lo que sientes.

Tom se mantuvo en silencio a lo largo de la cabalgata, volvieron al mismo lugar debajo del árbol, volvieron a sentarse en el mismo sitio y dejar el caballo amarrado como antes, él seguía sin decir palabra alguna a lo cual Danielle tuvo que recurrir a romper el hielo.

  -¿Y qué tal estuve?

  -Genial, no había visto a alguien dominar tan rápido esto, realmente estoy muy impresionado –aunque las palabras de Tom sonaban muy genuinas, no le daba la cara a Danielle-.

  -Gracias, pero, no pareces muy convencido de lo que me dices, ni siquiera me miraste al decirlo –dijo con franqueza-.

  -Pienso en lo que dijiste sobre superar los miedos y ver como lo hacías tú, me hizo pensar mucho en que quizá solo he estado posponiendo algo que hace mucho he tenido que afrontar.

Danielle había logrado lo que desde el principio busco con lo que hizo, que Tom se diera cuenta de que por más fuerte o doloroso que sea afrontar algo, se debe enfrentarlo porque nada puede ser mayor que nuestras mismas fuerzas, no importaba cuánto tardará en entenderlo, por alguna extraña razón solo deseaba hacer algo para ayudarlo. Tom le dio las gracias, le dijo que nunca antes había querido hablar de eso con alguien porque siempre temía ser juzgado o no quería escuchar las mismas cosas que le dijeron por mucho tiempo cuando ocurrió aquel fatídico accidente, de cualquier manera, para haber sido la primera vez que le hablará de eso a alguien, había entendido cosas que jamás antes pensó y realmente estaba muy agradecido con aquella que horas antes, solo era una desconocida.

Ya estaba atardeciendo, los dos quedaron en un silencio profundo por un largo tiempo, solo querían disfrutar del paisaje que les estaba ofreciendo la naturaleza, la posibilidad de estar en paz en sus mentes, solo pensar en ese momento que pasaban y olvidarse que por fuera de todo ese verde natural existía una ciudad, una familia, una universidad y las responsabilidades que día a día los desgastaban, se sumergieron en ese momento, Danielle recostó su cabeza sobre el hombro de Tom y él paso su brazo por detrás de su espalda posando su mano en el hombro contrario de Danielle, para ser desconocidos aquella imagen demostraba algo totalmente contrario, eran como amantes destinados, almas que por fin se habían encontrado.

Hubo un momento donde un par de aves empezaron a adornar aquel atardecer con sus impetuosas alas blancas, dándole a aquel paisaje una razón más por la cual disfrutarlo con todas las ganas, se dirigieron una mirada, sudaron sus manos, temblaron sus voces.

  -Desde hace un momento, me pasa algo –decía muy forzosamente Tom-, siento un cosquilleo cada vez que toco tu piel, cada que te mueves o me miras y no dejo de ver tus labios.

  -¿Quieres besarme? –Pregunto cortante Danielle, pero en su voz se notaba un extraño tono-.

  -Más que nada en este momento.

  -Entonces, ¿Por qué no lo haces?

Inmediatamente después Tom se acercó muy pausadamente a los labios de Danielle, no podía controlar su respiración y podía escuchar el latir fuerte de su corazón, pero al mismo tiempo miraba a Danielle que parecía estar como él, su mirada se fijaba en sus ojos y de inmediato en sus labios, respiraba forzosamente por los latidos de su corazón acelerados, cuando estaban a solo un paso de tocar sus labios, sintieron como sus respiraciones se hacían una sola al estar tan cerca, estaban compartiendo el mismo aire y al sentir los suspiros del  otro por sus rostros, exactamente sobre sus bocas, se empaparon en el deseo de fundirse en un beso, las constantes electrocutadas en sus cuerpos, la sentían en la piel al punto de erizarla. No pudieron aguantar un minuto más y al tocar sus labios, los dos suspiraron al mismo tiempo, a lo lejos, se veía solo la silueta de dos personas uniéndose bajo la vista de un atardecer adornado, por hermosas aves blancas de alas majestuosas.

Lo que paso luego es cuestión de entender cómo Tom describió a Danielle, lo cual viene a continuación.

Ella, tan determinada, tan suspicaz, de una mirada que podría ser amenazante y en un segundo pasar a ser tan inocente y tierna que sería imposible no envolverte en ella.

Aquella chica de negros cabellos, ojos expresivos y oscuros, labios de una muy provocativa carnosidad… Ella, que con su baja estatura podría confundir a muchos, porque era de una fuerza impresionante y un ímpetu que contrastaba con su altura. Su inteligencia sobreexcedía sus propios atributos, haciéndolos todavía extrañamente más deseables, aunque no fueran muy vistosos, sabia llevar cada parte de su cuerpo, ella era tan sexy casi tanto como lo era de inteligente.

De muchos talentos, pero de modestia excesiva, lo cual en ocasiones podría ser molesto, pero no en ella. Sus pequeñas cosillas, como ella solía decirles, que muchas veces a ojos de otros podría ser una hermosa obra de arte.

Con un carácter magistral, una fiera indomable cuando se lo propone, aunque puede llegar a ser alguien muy dulce y profundo por otro lado… Cada aspecto de ella sorprende, dispuesta siempre a aprender cosas nuevas. Firme en sus decisiones confiada siempre de sí misma, con la capacidad de entender todo lo que pasa a su alrededor en cuestión de muy poco tiempo. Una mujer sumisa siempre y cuando se le sepa tratar, pero salvaje si no tuviste mucho éxito en tu estrategia al tratar con ella. Nunca la retes, porque no va a descansar hasta hacerte tragar tus palabras. Puede llegar a esconder miles de secretos bajo esa profunda y envolvente mirada, siempre sabes que tendrá algo para decir.

Ella es esa mujer que solo encuentras una vez en la vida, esa que si la dejas nunca la olvidaras, pues es ese tipo de mujer que se mete en tu mente para nunca salir, podrías decir que ella no es una mujer, ella “es la mujer”.

Tan difícil como escribir una perfecta prosa literaria es describir a esta chica, solo eres un novato que se le ocurre cierto poemita y cree que ya puede escribir un libro, con Danielle te equivocas, ella es como un libro abierto, donde no sabes dónde está el principio y poco te interesa encontrar el final, con ella aprendes a apreciar la buena literatura por ser ella una obra de magnitud indescriptible, ella te dará pase libre para que conozcas sus capítulos solo si eres capaz de entender lo complicado de sus páginas. Eso amigo mío es la verdad sobre está inigualable mujer, tan hermosa y sensual como solo yo podría imaginar, puedes verla como una bendición o una maldición, o quizá, un poco de las dos y si piensas en la última opción, usted ha elegido bien.




Dicho esto, pueden conocer en lo que Danielle se convirtió para Tom y si en realidad aún no se lo alcanza a imaginar, es porque está en el lugar equivocado.