En una noche del mes de octubre,
durante la celebración de Halloween, John Knocks estaba intentando probar
un nuevo truco para su público. John era un mago de profesión, su mayor destreza hasta ahora, la parte más aclamada de sus actos y con la que
más envolvía de risas a su público era la hipnosis contrario a ella, los
actos con juegos de azar era la gran debilidad de John. Era pésimo con las
cartas, por eso se dedicó a
perfeccionar sus técnicas de ilusionismo.
Esa noche del 31 octubre,
mientras se preparaba para su nuevo acto en una plaza pública donde todas las
personas iban a mostrar sus ingeniosos vestuarios, hasta el otro lado de su
puesto un tumulto de personas curiosas se acrecentaba llamando su atención. En
medio de la multitud una rubia de piernas largas y descubiertas, delgada y de
altura promedio, lucía un short de jean con tiras rotas colgando, una sudadera
negra en la que se alcanzaba a leer la palabra “Eminem” y unas vans blancas. La maliciosa curiosidad por saber lo que tenía en mente aquella mujer rasgaba
las entrañas del joven mago. Las personas seguían acercándose, parecía ser un
acto más, quizá una contendiente buscando conquistar su público, en aquel sitio
y más en esa festividad, los nuevos espectáculos eran muy comunes.
Se fue acercando cautelosamente
para obtener una mejor vista, se perdió entre las personas que estaban allí
para no dar aviso de su presencia a aquella mujer. Se hacía llamar Juliet
D'Fleur -o al menos eso escucho al aproximarse lo suficiente-. Detrás de una
pareja que se había detenido a ver el acto, obtuvo la vista perfecta de aquella
inocultable belleza de piel bronceada, rasgos finos y brillantes ojos miel que
atrapan a cualquiera que se atreviera a mirarlos muy fijamente.
El acto dio comienzo, la mujer
sacó un manojo de cartas y capturó con ellas toda la atención de Knocks.
-Un voluntario por favor que se acerque.
¡Vamos! No teman, yo no muerdo, por lo
menos no en público -Dijo sonriendo, las risas curiosas del público no se
hicieron esperar -¿Nadie?-
-Yo… Aquí. Quiero participar -Dijo John impetuoso,
ocultando cada pizca de duda, en realidad no quería acercarse demasiado.
-¡Oh! Un chico elegante, ¿Cuál es
tu disfraz? -Juliet se mostró interesada en la elegancia que portaba su
voluntario en un día como ese.
-No estoy disfrazado realmente,
me gusta vestirme de traje -Dijo John, mientras acomodaba su saco de Antonio
Piazzi importado, su más elegante y preciada prenda.
-Muy bien,
un chico que se cree bastante maduro para esas cosas. Ya verás que te
sorprenderás-Juliet mezclaba las cartas con una destreza incomparable, John
jamás había visto tal cosa, ni en los grandes casinos a los que había visitado
-Lo que harás será tomar una carta del mazo, verla y devolverla sin que yo la
vea ¿Entendido?-.
-Entendido-John tomo la carta, una reina de
picas, y la devolvió fijándose detenidamente en que D'Fleur no la viera.
-Perfecto, ahora todos presten
mucha atención a lo que va a pasar, esto nunca nadie lo había hecho y ustedes
son muy privilegiados al poder ver algo de esta magnitud- Oraba con el
entusiasmo de una animadora de feria.
Mezcló un par de veces más las
cartas, de la nada apareció un hombre que parecía ser su ayudante con unos petardos,
Juliet puso todo el mazo en el piso e hizo que los incendiaran y con ese fuego,
encendió los pequeños petardos mandándolos a volar. Solo tres de ellos no
salieron disparados, los demás salieron y explotaron en el cielo formando una
especie de rectángulo con la forma de lo que parecía una carta. Antes que se apagaran, tomó una carta que aún estaba
encendida y volvió a encender los petardos faltantes, esta vez sí salieron y
explotaron formando lo que completaría aquella reina de picas en el cielo. El
público asombrado veía el rostro pálido de John observando en el cielo la figura
de la carta que pocos minutos antes había escogido.
-¿Cómo carajos hiciste eso?
–Preguntó, la expresión de estupefacción aun no abandonaba su rostro -Vi y
analice todo el maldito truco… Yo también hago magia-
Juliet reía colocándose la mano encima de su
boca -Eres un novato si crees que eso solo es magia, lo que yo hago es arte
querido amigo, ¿De verdad crees que yo te lo
diría?- Respondió mostrando la ironía característica de algo totalmente obvio-
-Sé que no, pero puedo ofrecerte
cosas grandes a cambio- John improvisaba- Veo que te ganas la vida de los
espectáculos que das - Expresaba franqueza para acentuarse ante aquella mujer
que, en el fondo, le había vuelto añicos la razón -¿Te gustaría dar tus
espectáculos en grande? ¿Viajar por el mundo?-
-¿Y cómo es que tú puedes
ofrecerme eso? –Juliet frunció el ceño con escepticismo, parecía muy en el
fondo interesada en sacar información.
-Pues sé que no eres la típica
rubia tonta, tocaste la seda de mi traje lo
cual indica que sabes que ni con años de vivir así me alcanzaría para comprarlo-
Puntualizo John con aires de grandeza-.
-Solo responde. -dijo tajante.
-Te veo mañana. Toma, allí está mi número y la dirección de mi apartamento -dijo
John mientras entregaba su tarjeta de presentación a Juliet.
Ya estaba por amanecer y John no
había podido dormir en toda la noche, decidió a eso de las 7 tomar una ducha,
por si a Juliet se le daba por cumplir su cita, por lo menos tendría una hora
para estar listo. Pasó un buen rato en la ducha, se afeito y se echó un poco de
perfume antes de salir.
-¡Pero qué…! ¡¿Cómo entraste?!-
Gritó exaltado al ver aquella fémina figura sentada en su cama-.
-Secretos del oficio, querido. No
es muy difícil violar una cerradura- Respondió Juliet mientras de un salto se
paraba de la cama. Husmeaba toda la habitación de John -Tienes un apartamento
muy bonito ¿Cómo consigues el dinero para pagar algo así?
-Secretos del oficio, querida. No es muy
difícil conseguir dinero- Dijo John sonriendo ironía. Se dirigió al armario por
su ropa, la inesperada visita en su habitación lo había hecho olvidar por
completo que estaba apenas saliendo de la ducha y que aún llevaba solo la
toalla puesta.
Al estar a unos escasos pasos del
armario, sintió un leve roce en la piel del abdomen que lo hizo retroceder.
Volteó y vio que Juliet estaba barajando un manojo de cartas y que una de ellas
estaba insertada en la puerta del armario que hacía apenas un segundo, él
estaba dispuesto a abrir.
-Excelente, ese me encantó. Pero
ahora necesito mi ropa, no querrás que me quede así- Decía John volviendo a
tomar la puerta del armario para sacar su ropa pero una vez más se vio obligado
a retroceder, Juliet había lanzado otra carta, exactamente encima de la que se
había insertado antes en la puerta del armario, destrozándola y tomando el
lugar de la anterior.
-Ya entendí que sabes usar las cartas, ahora por favor
déjame ponerme mi ropa-
Juliet levanto la ceja un poco y
le dio una pícara sonrisa -No creo que sea necesaria la ropa en este instante,
lo que vas a aprender lo puedes aprender con o sin ropa y entre más rápido
salgamos de esto mucho mejor- Dijo mientras reparaba el marcado cuerpo de John
de arriba abajo-.
-¿Me estás tomando el pelo? Irrumpes sin aviso en mi apartamento y ¿Pretendes
que me quede casi desnudo toda la mañana?- John sonaba un poco irritado –Eso no
estaba en la propuesta-
-Eso es exactamente lo que
quiero, entonces… ¿Lo tomas o lo dejas? –Pregunto ella aun sonriendo, sabía que
su contrapropuesta no será rechazada.
Juliet se encargó de explicarle a
John su arte, como manejarla y como ponerla en práctica de manera correcta.
Decía que esa habilidad la había heredado de su abuelo, que había sido en su
tiempo, un maestro de las cartas. La intensidad de la enseñanza de Juliet motivo a John a trabajar más duro, habían pasado ya cuatro horas John ya se sentía un poco exhausto, le propuso a Juliet tomar un descanso para preparar algo de desayuno, ella acepto sin objeción, se moría de hambre. Ella con dificultad le contó que sus padres nunca aprobaron que ella
mostrara a las personas lo que sabía hacer con las cartas y que en el último
año la echaron de casa. No tenía más familiares
en la ciudad, todos vivían muy lejos, por esa razón hacía lo que hacía y así
había logrado sobrevivir desde sus 17 años.
Mientras John preparaba unos
improvisados waffless, Juliet no paraba de mirarlo, se deleitaba con aquella
espalda musculosa y descubierta. De a momentos le resultaba electrizante, le
llegaba de repente el enorme deseo de arrebatarle lo único que traía puesto y
dejarse llevar.
Por: Mr Amsterdam.
Por: Mr Amsterdam.
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