jueves, 24 de julio de 2014

No te enamores de una mujer que...


"No te enamores de una mujer que lee, de una mujer que siente demasiado, de una mujer que escribe…

No te enamores de una mujer culta, maga, delirante, loca. No te enamores de una mujer que piensa, que sabe lo que sabe y además sabe volar; una mujer segura de sí misma.

No te enamores de una mujer que se ríe o llora haciendo el amor, que sabe convertir en espíritu su carne; y mucho menos de una que ame la poesía (esas son las más peligrosas), o que se quede media hora contemplando una pintura y no sepa vivir sin la música.

No te enamores de una mujer a la que le interese la política y que sea rebelde y sienta un inmenso horror por las injusticias. Una que no le guste para nada ver televisión. Ni de una mujer que es bella sin importar las características de su cara y de su cuerpo.

No te enamores de una mujer intensa, lúdica, lúcida e irreverente. No quieras enamorarte de una mujer así. Porque cuando te enamoras de una mujer como esa, se quede ella contigo o no, te ame ella o no, de ella, de una mujer así, jamás se regresa…”

Por: Martha Rivera


domingo, 15 de junio de 2014

Pastillas para no soñar

He deseado muchas veces tener un par de pastillas para no soñar, para no tener digamos que falsas esperanzas de que las cosas pueden ser como yo las deseo. Vivo deseando muchas cosas, que me pasen cosas buenas, que las personas sean conmigo como yo deseo, obviamente nunca obteniendo ningún resultado a mi favor.

Quisiera tener un par de pastillas para no soñar que quizá algún día mis palabras sirvan de un poco más que de simple basura, que no las desechen, las tiren o peor aún, que ni siquiera las escuchen. Quisiera tener un par de pastillas para no soñar que algún día las personas dirán "que bueno que has estado allí" y cuando yo más lo necesite estén para mi. Quisiera tener un par de pastillas para no soñar que algún día no encontraré ningún obstáculo para llegar donde quiero, que no habrá nadie que me diga que no puedo, que no habrá nadie que imponga sus triunfos sobre los míos.

Pero no tengo un par de pastillas para no soñar que mis palabras servirán, solo seguirán siendo nada o menos que nada; no tengo un par de pastillas para no soñar que las personas dirán "que bueno que has estado allí" y estarán para mi, solo seguiré estando para todos y nadie para mi; no tengo un par de pastillas para no soñar que no encontraré obstáculos o personas que impongan sus triunfos sobre los míos, solo seguiré encontrándome pisoteadas y miles de problemas para seguir siendo nadie.

Pero como deseo por lo menos alguna vez soñar que llegaré a tener un par de pastillas para no soñar.


miércoles, 23 de abril de 2014

Una historia de vagón

En una lluviosa mañana de noviembre, cuando se acercaban las primeras brisas de invierno, estaba parado en el andén 9° de la estación Kings Cross, esperando que llegase el tren que me llevaría después de muchos años a Edimburgo, mi ciudad natal. En 17 años no había venido a Escocia, quería visitar a mi padre, pero mi trabajo me lo impedía, hasta ahora.

Cuando estaba chico solía ir a un castillo, muy famoso en nuestra ciudad y blanco de muchas leyendas que a nuestros padres les encantaba decirnos para no acercarnos al lugar, pero éramos muy osados o muy estúpidos en la niñez, ¡oh, si! He dicho éramos –como se me ha podido olvidar mencionarla- no solo era yo, se llamaba Magie, era mi vecina de al lado, jugábamos mucho juntos, pues a los al rededores no habían muchos niños de nuestra edad; ella era mucho más osada que yo, siempre me llevaba a rastras a nuestras aventuras, mi padre decía que sus cabellos rojizos era lo que les daba esa osadía que las caracterizaba pues conocía mucho a su madre y era el vivo ejemplo de ellas; por otro lado estaban Mika su hermana, parecían gemelas, salvo que ella era la mayor, siempre estaba diciéndonos lo que no debíamos hacer como todo hermano mayor, pero al final ella terminaba más emocionada que todos; por ultimo estaba Jacob, que era mi primo, también mayor y exactamente como Mika, refunfuñon pero igual de divertido al final.

El tren ya había arribado, habían muchas personas aglomeradas en los vagones para turistas, yo había echo lo posible por comprar el tiquete en el vagón de primera clase, parecía que iba a ser para mi solo; sin embargo vi acercarse una mujer muy abrigada, pues hacia mucho frío en realidad, llevaba lentes negros y un cabello rojizo y ondulado que me trajo los más gratos recuerdos de Magie y Mika, la deje pasar primero y luego subí yo, solo éramos los dos en aquel vagón. Me senté a 3 puestos de ella, pero mirándola de frente, esa mujer me causaba cierta curiosidad que se intensifico más al ver que se despojaba de su abrigo, pues dentro del vagón estaba cálido. Los asientos cuyo respaldo puede girar en ambos sentidos, me permitieron disimular ante aquella mujer el interés creciente que sentía por ella, parecía un niño dando vueltas en el asiento, así que ella no dudaría en no mostrarme nada de atención, la vi quitarse su abrigo y mostrar unos voluptuosos pechos cubiertos sobre su blusa de seda que se resbalaba deliciosamente entre más se movía, creí verle los pezones a través de lo azulado de su blusa, además su apetitosa carne blanca estaba muy al descubierto por un gran escote, fue difícil no fijar la mirada por unos segundos, me miro – mierda, se habrá dado cuenta que la estaba mirando- gire en el asiento, pero no del todo, quede mirando hacia el costado del vagón, pude notar que ella sonrió, se había dado cuenta que la miraba -nuevamente di un giro, se había quitado todo el abrigo-, dejo sus piernas blancas al descubierto, solo las tapaba una falda muy ajustada a sus muslos, cuando alce la vista ella había puesto su brazo por detrás de su cuello haciendo que la blusa de seda se pegara completamente a sus pechos mostrándolos aún más enormes de lo que los veía ¡Dios mio, pero que pechos! No pude quitarles la mirada, hasta que de golpe me dijo...

-Eres un poco mirón, ¿te gustó lo que viste? –me dijo con una sonrisa en su rostro, pero sin mirarme.
-N-No sé de que habla señorita, yo solo estaba dando giros en el asiento, me recuerda mucho a mi niñez –mi tartamudeo me delato, me había tomado por sorpresa, no sabia que decirle.
-Jajaja claro, por supuesto, su excusa es totalmente creíble. Aunque me parece extraño que un hombre no se haya visto interesado con unos pechos como estos –dijo en tono de burla, agarrándose sus pechos por encima de la blusa y mostrándomelos.

Estaba anonadado, si hacia unos minutos me recordaba a Magie y Mika por su cabello, con esto era como volver  a mi niñez y apreciar lo osada que era Magie o lo directa que era Mika; pensé unos instantes y trague saliva me había dejado sin palabras pero no podía quedarme callado.

-Lo siento, solo quería ser cortes, no todas las mujeres son tan resueltas con respecto a esos temas y siempre se sienten ofendida. La verdad la miraba porque me pareció muy atractiva y también me recordó a alguien.
-Gracias, aunque decir que era sexy hubiera sonado un poco mejor –dijo entre risas-, ¿podría saber a quien te recuerdo?
-Sonara un poco estúpido, era unas vecinas en mi infancia, eran como gemelas–me levante confiado y me dirigí hacia donde ella estaba, se hizo a un lado y me dejo sentarme-, su cabello era muy parecido al suyo.
-Deja de hablarme como si fuera una señora, aunque lo siento no nos hemos presentado me llamo Margaret –me sonrió y me extendió la mano.
-Ah, mucho gusto soy Patrick –tome su mano y de inmediato sentí como me halo hacia ella dándome un fuerte abrazo, en ese instante entendí que Magie solo era la forma corta de llamar a Margaret, era ella y estaba allí conmigo.

La intensidad del abrazo fue tal que ninguno de los dos quería soltarse, habían pasado 17 años no lo podía creer, mientras me abrazaba me dijo que estuvo buscándome en Madrid pero nunca dio conmigo y hacia unos días pudo hablar con mi madre, fue ella quien le dijo que yo regresaría y decidió venir también. Pasamos largo rato contándonos las historias luego de habernos separado, ella se había mudado con sus padres a Londres y luego de terminar sus estudios había empezado a conocer Paris, Roma, Brujas y Madrid; yo le contaba que no había salido de Madrid nunca, pero me iba muy bien. Después de contarnos 17 años de historia, ni habíamos caído en cuenta que el tren ya estaba en marcha y le pregunte que si estaba soltera a lo cual me respondió que si, me dijo que nunca había tenido una relación seria, siempre eran relaciones pasajeras.

-Tú me imagino que has de tener muchas admiradoras, estás muy guapo, no pareces en nada al niño que conocí hace unos años –me dijo mientras apoyaba su cara en su mano, como esperando una respuesta demasiado interesante.
-Pues aunque no creas no tengo muchas admiradoras, tuve un par hace tiempo pero ya, es más hace ya 6 meses que no veo a nadie, eres la primera mujer en 6 meses que me dice que estoy guapo.

Haberle dicho eso me hizo sentir un poco mal, tal vez si seguía siendo aquel niño que no era tan osado y que siempre buscaba un pero a las cosas y ella ahora era incluso más osada que cuando niña, además era sexy y muy inteligente –soy un estúpido-, lo único que había logrado era que ella viera que no era para nada interesante. Lo que vino después no dejo duda de que yo no entendía nada de la vida y mucho menos de una mujer, me tomo de la mano sonriéndome y la llevo hacia su pantorrilla, paseo mi mano por toda su larga pantorrilla, pasando por su rodilla y la fue subiendo por la cara externa del muslo, pasando por su falda hasta llegar a sus caderas. Dejo mi mano libre, ahora era yo quien paseaba mi mano nuevamente por su muslo pero ahora con los dedos acariciaba el interior de su muslo, sus piernas se separaron unos centímetros para recibir mi mano, luego sujeto firmemente mi mano, para evitar que siguiera subiendo. En ese momento me pregunto:

-Tú solo eres osado cuando estás conmigo y cuando yo te incito a serlo, ¿crees que lo harás ahora?
-Completamente –dije firmemente y agarrando con fuerza su muslo haciéndola revolverse en su asiento.

Me incline y besé su oreja, se estremeció, volví a besarla pero ahora en la nuca. Encogió de hombro y echó la cabeza hacia atrás. Se inclino y me beso en la boca. Nuestras lenguas jugaron y ella tomó mi cabeza entre sus manos y la trajo hacia sí. Nos pusimos de lado en los asientos, nuestras rodillas chocando, con los dedos muy separados pasé mis manos por sus costados, arriba y abajo, presione sus pechos. Su corazón ahora latía con fuerza y su respiración era forzada, mientras la besaba en la boca y su cuello, desabroché un botón y deslicé la mano por dentro de la blusa, sentí su endurecido pezón entre mis dedos, solté el resto de los botones y pase ambas manos a su espaldas para inclinarme y besar sus pezones, ella empujaba sus pechos hacia mi.

Aunque el espacio era sumamente incómodo, trate de incorporarme lo más que pude, volví a besarla en la boca y pasé mis manos por su espalda. Recuerdo lo maravilloso de los pechos de Magie en aquel vagón de tren. Ella empezó a halar mi corbata, luego cambiando de idea, desabotonaba mi camisa excepto el primer botón, sus dedos recorrían mi pecho, se inclino a besármelo. Metí mi mano por entre su falda y ella movía sus caderas hacia adelante, se deslizó en el asiento, dejando su cabeza apoyada en la ventana, no era fácil encontrar acomodo, la levante, los dos estábamos mas o menos de pie en el espacio que teníamos, la traje hacia mi y me abrazó, sentí sus pechos desnudos contra mi piel, fue cuando empuje con fuerza mi muslo entre sus piernas y ella lanzó un leve gemido. Baje mi mano y la deslicé entre sus muslos, pude sentirla perfectamente a través del húmedo de sus bragas, abrió las piernas y se estremeció lentamente bajo mi mano. Baje sus bragas hasta las rodillas, saco una pierna de las bragas, pasé con lentitud los dedos entre su húmedo sexo descubierto, me bajo bruscamente el pantalón, lo mismo hizo con mis bóxers, cogiéndome con ambas manos, me hizo salir erecto. Empujé a Magie contra el asiento, quedo con la cabeza y el hombre apoyados contra la ventana, tenía la falda levantada hacia la cintura y las piernas abiertas, yo estaba inclinado sobre ella con mis manos en sus caderas, pensé en llevarla al baño, allí tendríamos más intimidad, pero sabía por lo osada que era que no seria posible. Cuando estaba empezando a penetrarla, el tren freno bruscamente, mire por la ventana. Pensé que habíamos llegado ya –maldita sea-, pero luego supe que no era ningún sitio donde el tren tuviera que parar, llegábamos a una estación desconocida y Magie y yo dábamos justo al andén y había gente –por suerte muy poca- confiaba en que ninguno subiera al tren y mucho menos al vagón; sin embargo quedaron muy bien situados para poder espiar y nuestro vagón en especial paro frente a tres señoras ya cincuentonas, aquello les ofreció una vista de Magie con los pechos al aire y piernas sobre los asientos y de mi, erecto y asustadizo, encima haciendo maniobras para estar encima de ella. Su porte de cincuentonas parecía salido de una película de dinosaurios, miraban con sus ojos desorbitados y cada una formo un su boca una O de asombro, ella levantó la vista hacia mi y luego, giro para mirar hacia la ventana haber que pasaba, estuvo unos instantes viendo, se volvió de nuevo hacia mi, yo estaba paralizado, incluso pensé en subirme los pantalones y abrochármelos delante de ellas, pero eso solo se hubiera visto estúpido, Magie sonrió maliciosamente, se lamió los labios despacio y me beso con suavidad. Las Oes de las señoras eran aún más vistosas, ella puso de inmediato su boca en forma de O y la aplicó contra mi, en ese instante el tren volvía a moverse, sentí su boca y sus manos por todo el cuerpo, las caricias de su lengua y de sus labios me hicieron olvidar aquel momento, la levante, la volví a poner contra la ventana y cuando nuevamente estaba penetrando, el tren volvió a frenar muy bruscamente –maldita sea, que putas le pasa a este tren, no me va a dejar coger-. Resultaba que ya habíamos llegado y el revisor venia entrando, nos pusimos la ropa rápidamente.

-Así que la leyenda del castillo, es sobre un hombre que suena todas las noches su gaita con tonos muy tristes y deprimentes a través de todas las calles subterráneas que conducen al castillo –proseguí con dificultad.
El revisor bajo la vista y nos miró, parecía saber lo que había pasado y dijo en un tono que se supone que se emplea cuando el vagón esta lleno: “Edimburgo”.
Magie y yo nos sacudimos, dimos las gracias y lo vimos salir del vagón. Gire para verla y me encontré con una risa maliciosa la cual fue seguida de ella diciendo.

-¡Maldición! –Riéndose y abrigándose.


Esa es la historia de cómo nos volvimos a ver Magie y yo luego de muchos años, quizá sea un poco sexual pero así fueron los días siguientes, hasta que llego el momento de separarnos, quizá fue el más doloroso. Ella me confeso que en unos días se casaría, pero que lo que había hecho, había sido porque siempre estuvo enamorada de mi y que aquel casamiento había sido arreglado por su padre. Hoy después de 30 años de aquel encuentro, no la volví a ver jamás, pero en esa misma despedida conocí en el mismo vagón a la mujer que hoy esta sentada a mi lado admirando el mismo castillo que hace 30 años vine a visitar.

jueves, 20 de marzo de 2014

Un giro inesperado

Bueno esta entrada hace parte de mi sección especial de 12 días sin normas al año, pasa que no la publique en el día de ayer por cuestiones de flojera jajaja. Bueno no siendo más aquí va.

Es increíble como en cuestión de segundos, la vida puede tomar giros tan inesperados que muchas veces no logramos explicar ¿qué paso?, qué fue eso que nos paso por en frente a tan rápida velocidad que no nos dimos cuenta sino hasta cuando ya nos estábamos inmersos dentro de aquello que pasaba... pues así fue para mi en un mes de junio de hace ya un par de años.

Todo pasaba normalmente, me encontraba trabajando, mi hora de salida seria a las 7pm, era lo normal, pero llegada la media hora faltante para poderme ir, mi compañera de trabajo hizo una llamada a la jefa ofreciéndole disculpas porque no podía quedarse ese día hasta más tarde y que yo había aceptado tomar su lugar -no sé de donde saco eso- aunque el día anterior ya lo había hecho también -hijaa de puta, pensé-, se dirigió a mi y me dijo, yo te lo compensaré y se fue así sin más. Estaba muy molesto al principio lo debo aceptar, pero luego de un rato se me paso y encontré una forma de entretenerme, pasadas las 8:45pm decidí que ya era hora de irme, no podía estar más tiempo y pedí a las personas que aún se encontraban allí que por favor culminaran sus actividades porque ya era muy tarde y tenía que cerrar el negocio, las personas muy amables se levantaron rápidamente y dando las gracias partieron una detrás de la otra, a las 9pm ya me encontraba fuera, dispuesto a irme a mi casa y descansar, esperaba el bus pero no pasaba, me estaba impacientando pues me solo quería dormir, había sido un día largo y duro para mi, en eso apareció un hombre de la nada en la esquina inmediatamente anterior donde yo estaba, lo mire un par de veces con recelo, cada vez se acercaba más -donde putas esta el maldito bus-, no espere más, paso una moto y le pedí que me llevará, di una ultima mirada atrás y aquella persona estaba parando el bus el cual yo tanto tiempo había esperado, que suerte la mía, pero no pensaba en ello ya me dirigía a mi hogar. ¿Dónde lo llevó? -me preguntó el conductor-, al decirle la dirección, me dijo... ¿Y eso por dónde es?, -era en serio o solo me estaba tomando el pelo, mi barrio era popular todo mundo sabia de su existencia, pero al escucharle el acento del interior del país supe que apenas llegaba a la ciudad-, no te preocupes yo te indico por donde -le dije-. Fue entonces cuando no me di cuenta que se había pasado un alto en la calle, debíamos haber parado, pero siguió y cuando volteé solo pude vislumbrar la luz penetrante de una moto que se dirigía directamente hacia mi, el choque fue inminente y sumamente fuerte, salí disparado unos metros, momentos antes de caer lo vi todo muy lento, pues en mis ojos pasaba todo lo que en ese día me había tocado pasar, hasta que caí al suelo sentado, luego un golpe en la cabeza, quedé inmóvil, no podía mover mis piernas y el golpe en la cabeza me había dejado aturdido, solo podía ver como una mujer que suponía había sido la otra victima de aquel accidente, tenía mucha sangre en su rostro.

Luego de unos instantes me levante, con mucha dificultad, tome otra moto y me fui del lugar, al llegar a mi casa me tire en la cama, no pude moverme en toda la noche, no había querido ir a un médico ni nada por el estilo y gracias a eso mis padres me regañaron muy feamente.

Está es una historia que demuestra como en unos segundos la vida da giros inesperados, primero puedes estar tranquilo y sentado muy cómodamente, y a los minutos siguientes estás tirado en el asfalto de una calle sin poderte mover ni hacer nada por ti mismo y esa fue la tercera vez que pude haber perdido la vida muy seriamente. Pero aquí estoy, echando el cuento jajaja este es mi relato de un nuevo 19, algo diferente porque nunca me ha gustado tocar esos temas.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Concede un detalle

Hace poco leí una frase de Pablo Neruda que decía "Por qué se me vendrá todo el amor de golpe cuando me siento triste, y te siento lejana..." en muchos aspectos es bastante normal verlo en nuestra vida diaria y no solamente en cuestiones del amor. Y aunque no soy un fan de Neruda -apenas y lo he leído muy por encima- me ha quedado grabada está frase, además de que hace mucho tengo la pendejada de escribir algo y pues está es la excusa perfecta.
A menudo tanto hombres como mujeres se quejan de que hay un cierto abandono o falta de demostraciones por parte de las personas cercanas a ellos, por parte de su trabajo, de las cosas buenas e incluso con quien más nos mostramos más insatisfechos es con Dios; el amor por Él siempre aparece en los momentos donde todo nos parece que no puede ir peor, donde nos encontramos más tristes, cuando de cierto se ve reflejado en gran medida que el amor es engañoso y que muchos lo confundimos con la necesidad de ser queridos. En un aspecto donde es más visible, tenemos todo el tiempo del mundo; las horas; minutos y segundos para darle una demostración o un detalle, aunque sea minúsculo a esa persona que queremos o amamos, pero preferimos esperar a cuando la tristeza se apodera de nosotros sin pensar acaso que la otra persona también lo está y sea precisamente por la falta de esos detalles.

Es irónico como a aquellas personas a las que se les hace más difícil dar un detalle, una demostración de afecto, terminan por recibir mucho más de lo que ellos estarían dispuestos a dar. He visto como parejas tienen un constante inconveniente de dar y recibir, porque mientras uno recibe y disfruta, el otro lo hace solo a manera de buscar algo de agradecimiento, ya que no recibe desinteresadamente. He aprendido de cierta forma a que no importa mucho que no recibas nada a cambio, la verdadera felicidad esta en ver a aquella persona por la cual haces algo, que disfruta de lo que haces por ella; sonríe con lo que haces; le ayuda a muchos aspectos de su vida tu sola presencia -que puede ser lo único que necesite en ocasiones-; en pocas palabras que aunque sea un "te deseo un lindo día", logre grandes cosas, porque tendrás la satisfacción que esa pequeña frase fue el inicio para un lindo día, así mismo podemos verlo en nuestra relación con Dios, no esperemos a que lo sintamos más distante de nosotros para poderle dar gracias por el simple hecho de estar presente en el mundo, porque así como hoy podemos estar como yo en este momento -disfrutando de un poco de frío, escuchando música que me anima y escribiendo esto- mañana simplemente una enfermedad, un accidente o cualquier cosa nos puede arrebatar todo eso.

Yo empece con un "Gracias" diario a Dios, con un "buenos días mi amor" a mi novia y con un "espero tenga buen día, que le vaya muy bien" a mi madre y mi hermana, puede que ninguno me devuelva alguna de esas cosas o no lo haga muy a menudo, pero cuando Dios me demuestra con cosas buenas en mi vida que escucho ese "Gracias", cuando mi novia me responde los buenos días y en realidad le va bien, y cuando mi madre y mi hermana me dicen que les fue muy bien en su día, ese simple hecho es gratificante para mi.


jueves, 6 de marzo de 2014

Vacaciones de nieve y champán

Esta no es de mis mejores historias, pero entre los dos hemos logrado una aventurilla que de seguro les va a encantar. Disfruten de la primera parte de esta nueva mala intención.




Steve despertó con la plácida figura de su esposa desnuda entre las sabanas, sonrió y decidió esperar el desayuno para despertarla y charlar un rato. El ambiente en la alcoba era cálido, a pesar de que apenas caía diciembre y las bajas temperaturas eran afuera, parte del paisaje de la hermosa Rumania. Steve y Natalie estaban de vacaciones, el largo viaje había sido en verdad exhaustivo, así  que al llegar al pequeño hotel a las afueras de Brasov, no pudieron hacer nada más que caer rendidos, sumidos en el cansancio. Habían llegado allí con la idea de conocer algún majestuoso y antiguo castillo y luego tal vez esquiar, decían que no muy lejos, había un terreno montañoso donde podrían darse gusto, estaban muy emocionados.
Habían recibido la noche anterior la decepcionante noticia de que la edificación antigua más cercana no estaba abierta a las visitas turísticas, así que por lo pronto debieron conformarse con salir a conocer los alrededores.

Natalie apenas despertaba cuando el teléfono sonó y  Steve recibió la llamada. Era el asesor turístico que comentaba que la agencia tenía algunas cabañas para quien decidiera quedarse incluso a pasar la noche, todo en recompensa por no poder llevarlos a ningún lugar histórico ese mismo día. Cabañas de madera, el fuego de una chimenea, Natalie y Steve se miraron sonrientes, la idea les había caído del cielo a ambos.
Fue un corto viaje en auto colina arriba para llegar al lugar, conocieron la pequeña, cálida y acogedora cabaña de madera en medio del paisaje blanco y montañoso de Rumania, estaban fascinados.
La joven pareja disfrutaba de aprender a esquiar, Steve pronto estuvo listo para subir algunas colinas no muy elevadas de principiantes. Natalie por su parte, no tan hábil como él, apenas y podía sostenerse, las piernas le temblaban de frío y no paraba de abrazar a Steve. La temperatura acababa con ella y terminó sentada tomando un chocolate caliente de la cafetería, al menos eso pidió al guía, no entendía muy bien el idioma pero estaba muy cómoda. Le encantaba el paisaje y la nieve, además que ver a su esposo intentar y resbalar todo el tiempo era realmente divertido.

Después de un rato, Steve, siempre aventurero, quería ir hasta arriba de la montaña en las sillas elevadizas pero habían cerrado el servicio, la gente se dispersaba y todos hablaban y discutían cosas en su idioma. Entraron al salón -Deben quedarse en la cabaña- habló por fin un hombre en un idioma familiar a ellos, había una considerable cantidad de turistas de habla hispana -Se acerca una tormenta de nieve y todos tienen que guardar refugio hasta nuevo aviso. No es posible, en estos momentos, bajar la montaña hasta el hotel, la tormenta nos alcanzaría y sería demasiado peligroso- expuso el asesor turístico en voz alta tratando de calmar las ansias. Natalie y Steve guardaron la calma, compraron algunas cosas en la tienda  y volvieron a la cabaña, la idea de quedarse allí por ese día no les molestaba. Prendieron fuego, la temperatura no dejaba de descender, la nieve caía y el viento soplaba muy fuerte, en unos minutos caería la tormenta y estarían atrapados allí por un rato.
Al cabo de unas horas charlando en el sofá, Steve advirtió que la leña se estaba consumiendo y quedaba poca, así que se levantó, se abrigó y salió a buscar más leña. No tardó mucho en regresar, estaba muy emocionado  -¡Vístete ya! Trae algo de comer en el bolso, tengo que mostrarte algo-
-¿Qué sucede? ¿No ves que me estoy congelando?- Natalie tartamudeaba, su mandíbula temblaba y estaba muy confundida.
-Parece que la tormenta destapó un camino- Señalaba Steve ya afuera, mientras caminaba. Se adentraron en un lago congelado, en donde se reflejaba con claridad la luna, Natalie empezaba a desesperar, el viento soplaba y parecía que en cualquier momento la tormenta traería más ráfagas de nieve. De pronto, de en medio de la nada, surgió aquella enorme y hermosa cabaña a un lado del lago, Steve había llegado allí buscando árboles secos para leña. La cabaña parecía ser antigua y abandonada, entraron sin tiempo para meditarlo, la tormenta comenzaba a hacer estragos.
Natalie cruzaba los brazos en signo de incomodidad mientras caminaba husmeando con la mirada la extensa colección de libros en los estantes de las paredes, fue lo primero que observó después de que Steve iluminara el lugar encendiendo algunas velas. Al subir con algo de vacilación al segundo piso, encontraron un hermoso cuarto con una cama enorme y muchas pinturas colgadas. -Parece que las últimas personas en habitar este lugar vivieron hace muchos años-
-Así parece- respondió Steve mientas abría la puerta de un pequeño desván, iluminó con una lámpara de mano y ante él se extendió una ostentosa colección de vinos. Lo admiró encantado, amaba los vinos. Una repisa especialmente adornada llamó su atención, tenía tan solo cuatro botellas, era champán de una reserva relativamente joven. Observó a  su esposa aun inquieta, no pudo evitarlo, tomó dos botellas, un par de copas que colgaban lujosas en la parte superior de la repisa.
-Creo que es mejor que bajemos- Siseó Natalie aun con los brazos cruzados.
-Por supuesto, pero antes algo para calentar la garganta- Steve meneaba las botellas en señal sugestiva con una sonrisa en el rostro. Convencerla del primer sorbo pareció una batalla, pero una vez el dulce y cálido sabor del champán se deslizó en la garganta por vez primera, la joven sucumbió al deleite. Ambos sentados en el viejo sofá, tomando aquella bebida ajena, en un lugar desconocido, perecía tan surrealista. Afuera el viento soplaba, la nieve caía a una magnitud cada vez más impresionante, la tormenta era implacable.
El tosco ambiente se hizo cálido, hablar y reír juntos, abrazados, dándose calor mutuo, eran unos de esos detonantes que mostraba aquella peculiar capacidad que tenían, desde que se vieron por primera vez, de desconectarse del mundo en cualquier situación, en cualquier problema, en cualquier lío, solo para permitirse estar juntos y mirarse, conectarse y hacer de cuenta que no existe nada más allá de los dos. Fue un trago tras otro, en cuestión de minutos, horas quizá, ya estaban destapando la segunda botella con confianza y ligereza. Tal vez era todo efecto del champán, eran muy conscientes de que comenzaba a hacer estragos en sus entrañas, aún así querían disfrutar, de eso se trataba su viaje. Hacía dos años que estaban casados, juntos a los ojos de Dios, en esa misma época, bajo una nieve tan blanca como la que retumbaba feroz fuera de aquella cabaña. Steve la miraba hablar, se perdía en su boca como siempre lo hacía, se quitaron los abrigos, estaban frescos y cómodos.
Natalie se quitó el grueso suéter de lana, se acurrucó en su regazo, le miraba a los ojos y le sonreía acariciándole el rostro. Sus manos suaves y tibias, sus labios se veían más deliciosos que en otro momento, la observaba aborto en recuerdos de esos últimos años a su lado.
-¿Sucede algo? Estás…- La interrumpió, no podía más, le tomó el rostro y le besó con la delicia y deguste con el que se prueba un fino champán. Como si hubiera pasado un milenio sin verla, como si fuera la primera vez que la besaba en mucho tiempo.
La tomó por la cintura atrayendo su cuerpo junto al suyo con fuerza, la intensidad de los corazones que latían al tiempo era inmensa. La pasión juvenil parecía crecer con los años juntos, muy a pesar de que siempre consideraron que el tiempo era de esas armas de doble filo que podía venirse en su contra en cualquier momento. Ellos en cambio, con tocarse sentían que sus pechos podían hacer un solo de batería a la perfección.
Lo miró a los ojos, “te deseo tanto” pensó Steve, y ella, como respondiendo a un mensaje mental, se quitó la blusa y lo ahogó en un beso largo y profundo.
La empujó hacia una mesa, un par de besos en el cuello, otro par en la espalda, una acción en cadena que desataba toda la ansiedad y Natalie, sin más indecisión supo que no podían parar. Él comenzaba a deslizar los dedos entre las piernas y a cada centímetro que avanzaba en su recorrido, ella las separaba más en modo de invitación pero una vez que estuvo a punto de llegar, ella le detuvo y le mordió le cuello con ímpetu.
Aquello fue como una especie de combustible derramado sobre una llama ya ardiente, Steve le arrancó el sostén y comenzó a devorar los senos con apetito. La tomó del trasero la subió a él y la llevó de espaldas contra la estantería de los libros. Natalie le quitaba el suéter y lo besaba con algo de torpeza, una vez  estuvieron de pie, ambos sintieron los estragos del alcohol. Libros y objetos caían mientras ellos daban vueltas descuidadas por el lugar, tropezando todo a su paso.
Se percataron del desastre provocado y rieron a grotescas carcajadas, pararon un momento y Steve volvió a recostar a Natalie sobre la esquina de uno de los estantes, este, para sorpresa de ambos se rodó un par de centímetros. Se miraron, Natalie retrocedió alejándose, siguieron empujando hasta descubrir una especie de entrada secreta que llevaba a unas escaleras.
Buscaron algo con qué iluminar, las escaleras, que eran realmente empinadas y largas, terminaban en una enorme puerta de madera, lo dudaron unos minutos, se volvieron a poner las prendas y sin ser capaces de pronunciar una palabra, comenzaron a subir los desconocidos escalones, deseosos de averiguar que había detrás de aquella entrada.

Por Mr Amsterdam y Daniela.

jueves, 27 de febrero de 2014

Un juego de azar 2

John estaba entusiasmado por empezar nuevamente pero comenzaba a notar algo de ansiedad en Juliet, así que decidió que tal vez sería buena idea posponer el entrenamiento. La joven parecía molesta o incómoda por algo.
-Creo que ya es hora de que te vistas, ya casi me tengo que ir, podemos seguir esto otro día- dijo Juliet algo distante.
 -Ya casi lo tengo, pero como quieras- respondió él -antes quiero que veas esto-
John lanzó una de las cartas hacia ella haciéndola saltar de sorpresa ante el roce. Se escuchó un pequeño golpe, Julieta vio estupefacta uno de sus colgantes partido en dos, en el suelo, se devolvió con enojo a su atacante pero este estaba ya en el baño poniéndose la ropa. Al menos había aceptado su sugerencia, eso le tranquilizó.
Una vez vestido, John se asomó en silencio, Juliet  jugaba con las cartas como si fueran pelotas de baloncesto. Giraban en sus dedos, incluso una de ella llegó a girar tan rápido que una pequeña gota de sangre se deslizó por el dedo índice. John alarmado quiso advertirle que tuviera cuidado, dio un paso adelante y antes de poder decir una palabra, todas las cartas salieron disparadas cual cuchillas afiladas contra su cuerpo. Eran como ráfagas de viento tajante que le obligaron a cerrar los ojos por un minuto. Su traje caía hecho pequeñas tiras de tela hasta dejarlo en ropa interior.
 -¡Oh mierda!, he fallado, se suponía que no debías quedar con nada encima- lanzó una risilla burlesca.
  -¿¡Estás loca!? ¿Qué pretendes? Si querías verme desnudo solo lo hubieras dicho, no había necesidad de intentar mutilarme.
 -Y es que… ¿Podía lograrlo así de fácil? Pensaba que con todo eso del traje y tus aires de superioridad, tendría que ser un poco más agresiva- Había cambiado su tono, era sugestiva y lanzaba una mirada directa.
 -No te engañes, no quise hacerte lo mismo antes, pero luego de esto creo que es justo que lo haga- dijo John tomando las cartas que antes habían cortado su traje y haciéndolas girar en sus dedos igual que Juliet.
-Quiero verte intentándolo chico listo- Lanzó una grotesca carcajada -Te recuerdo que cuando intentaste hacerlo estuviste muy lejos de hacerlo como yo- Comenzaba a deslizarse con encanto por el lugar, había perdido ya todo signo de incomodidad.
John esbozó una sonrisa y lanzó todas las cartas que tenía en sus manos. Juliet era una experta, engañarla o sería simple, eso lo sabía. Cada carta que John lanzó, ella la atrapaba entre sus dedos sin dejarle un solo rasguño.
 -Buen intento, pero te falta mucho para llegar a mi nivel, lo siento- se contoneaba con orgullo.
 -Sí, sobre eso… -fulminó con una desconcertante mirada de victoria.
Sacó de la nada una ultima carta, la giró un poco, pero está vez cerró los ojos y la lanzó directamente al pecho de Juliet. Ella sonrió, esa se le haría incluso más fácil que las otras. Unos instantes antes de que golpeara su pecho, John abrió los ojos y alzó una ceja dando una especie de orden a aquella carta con sus manos. La carta se dividió en muchas que tomaron diferentes direcciones, ella quedó inmóvil viéndolas pasar a su alrededor sin sentir un solo cosquilleo. Se relajó sonriente, pero al dar un paso adelante, justo antes de burlarse del intento fallido de John, su ropa comenzó a bajar hecha pedazos por su cuerpo. Él no había fallado.
John se deleitaba con aquella escena lleno de un creciente ímpetu de victoria, deseo, algo de lujuria y con un poco de burla por supuesto. La insolente joven que le había estado “enseñando” se encontraba desnuda y desorientada frente a él.
 -Te lo dije, no te engañes. Pueden llegar a pasar cosas como esta si te confías- dicho esto, John usó uno de sus trucos de ilusión más populares, desaparecer.
 -Pero… Pero ¿Dónde estás? Ahora que voy a hacer, no tengo ropa con que irme de aquí ¡Maldita sea, aparece!- Juliet intentaba cubrirse en vano, estaba expuesta y vulnerable, toda su confianza se había esfumado.
-No te preocupes- Susurró a su oído despojándola de las manos que con torpeza cubrían su cuerpo -Esta noche puedes dormir aquí, ya después conseguiré algo de ropa para ti- Juliet solo escuchó lo que quería escuchar, que podría quedarse a dormir con él, era lo que más deseaba, todo lo demás fueron balbuceos, se estremecía en sus adentros.
John intentaba contener las ganas que tenía de besarla y tocarla, trataba de hacer que ella fuera quien se acercara y le diera pase libre para hacer todo lo que deseaba, a pesar de sentir como se agitaba al respirarle al oído, notaba en su rostro la tensión y la inseguridad. Soltó sus manos, le tomó los senos, los acarició lentamente y la atrajo hacía su cuerpo, sus pieles ardían, no pudo contenerse más, la hizo girar y la besó con ansiedad.
 -Oye, ¿estás seguro de lo que haces?- Musito Juliet con voz entrecortada.
John agarró fuertemente su trasero para levantarla un poco, la dejó a escasos centímetros y la volvió a besar, podía acariciarla con el aire que exhalaba, ella lanzó un gemido silencioso que él pudo escuchar a la perfección. Eso bastó para que explotara en un beso salvaje, usó sus manos con destreza, mientras una se paseaba por los pechos de Juliet, la otra se iba deslizando lentamente por su abdomen hasta llegar a su entrepierna y entre más bajaba, la piel de la joven se erizaba con mayor notoriedad.
  -¿Esto responde a tu pregunta? -John le susurró al oído.
  -Yo… Tengo que decirte algo- Su tono de inseguridad había vuelto.
  -¿Qué pasa?- sus manos había frenado en seco.
 -Es que… Soy virgen- Agachó la cabeza.
 -Oh, claro y yo tengo 15 años… En serio, ¿qué sucede?-
 -Hablo en serio, estúpido. Me fui de casa a los 17 y desde entonces he vivido en la calle sola, ¿No crees que si no lo fuera, habría aprovechado mi cuerpo para encontrar alguien o por lo menos lugar donde quedarme?- Advirtió Juliet con su insolencia habitual.
John enmudeció, estaba más que sorprendido, en aquellos ojos no había muestra de engaño, contrario a ello, adquirió de pronto una imagen de vulnerabilidad e inexperiencia, ya no lucía como la imponente mujer de la plaza, pero lucía igual de hermosa. Una sonrisa se dibujó en su rostro -No te preocupes, a pesar de que no puedo evitar sorprenderme, ha sido una sorpresa bastante especial- la tomó por el mentón, le levantó el rostro,  le sonrió y la besó. Entonces se dio cuenta de lo insensible que había resultado su comentario anterior -¿Acaso quieres que…?-
 -Supongo que… Ten cuidado- Le dijo aquello mirándole a los ojos.
John hizo caso omiso lo que ella le pidió, cuidó cada caricia, cada beso, con la mayor delicadeza pero sin dejar de lado su intensidad y pasión. Besó cada parte de su cuerpo haciéndola gemir de deseo hasta los gritos. Penetró en su sexo con tacto y lentitud, ella no sintió dolor o por lo menos a él no le pareció, en ningún momento lo detuvo, al menos no un dolor lo suficientemente molesto.  Su rostro era de placer indescriptible, ninguna de las mujeres con las que antes había estado expresó tal sensibilidad como aquella chica. Fue auténtica magia.

Despertó luego de un profundo sueño, miró hacia la ventana, ya estaba amaneciendo. Buscó a su derecha con la mirada y allí estaba ella, dormida junto a él con la mayor confianza del mundo, totalmente desnuda. John sonrió y trato de recordar todo lo que había pasado, llegó a la conclusión que una virgen le había dado la mejor noche de sexo de su vida y que ahora tendría que devolverle dos favores, pues ya se sentía un experto con las cartas. Se levantó, hizo una llamada y fue hacia la cocina. Regresó cuando Juliet estaba despertando y le llevó el desayuno a la cama, le dio un beso y se sentó a su lado.
 -En 2 horas sale tu vuelo, espero sepas ruso, iras a Moscú para tu primera presentación- le dijo.
A Juliet, que apenas probaba el jugo de naranja, le fue casi imposible no escupir todo el sorbo -¿Moscú? Pero… ¿Cómo lo hiciste?¡Si apenas son las siete de la mañana! -Exclamó muy entusiasmada Juliet mirando el reloj.
 -Ese fue el trato, solo que por lo de anoche, quise darte un regalo para que nunca más vuelvas a vivir un solo día en la calle y quien sabe si con eso por lo menos me aseguro que algún día vuelvas a mí- John la llevó de compras, era como ver a una niña en navidad rodeada de juguetes, fue momento de la despedida, él no podía llevarla al aeropuerto, pues tenía otro compromiso.
 La hizo prometer que volverían a verse  algún día cuando fuera exitosa, a lo que ella accedió sin ninguna objeción, la montó en un taxi y le dijo adiós. El taxi partió, el joven mago observó el hermoso parque que se extendía frente a él en todo su esplendor. Inhaló profundo, sintió cierta curiosidad, tenía una corazonada, algo le decía que el estar allí no era casualidad, algo le decía que allí encontraría lo que hace mucho buscaba.


Por:  Mr Amsterdam
        Daniela.

miércoles, 19 de febrero de 2014

12 días sin normas al año

Vengo hoy a inaugurar un espacio en este blog para algo que puede ser muy facilmente la idea más innovadora que he visto en mucho tiempo, consiste simplemente en hacer de los días 19 de cada mes, un día diferente, la iniciativa toma por nombre "La norma es que no hay norma los 19 de cada mes", aunque la pregunta que puede hacerse es, ¿Por qué los 19? Pues, aquí les comparto fragmento de aquel blog donde lo explica...
De pronto es 20 de abril de 2012. Es un día especial, se estrena el episodio 19 de la 4ta temporada de Fringe. Es el episodio “loco”. Poco importa si no entendemos nada. Es la particular victoria de la vida al aburrido mundo (paralelo) lineal.
Demos un paso atrás para explicar un pequeño detalle. El episodio 19 en cada temporada de Fringe es diferente, extraño, se sale del molde, es el momento cuando el éxito se regodea con el “hago lo que me da la gana”. Puede ser un episodio musical, un cómic o una historia en el año 2036. La idea es que sea algo diferente, un viaje, una vuelta de tuerca hacia el otro lado, o hacia ninguna parte.
La norma es que no hay norma en el episodio 19.
La iniciativa no es más que no dejar que sea solo la TV quien se salga del molde con la cotidianidad, nosotros mismos podemos usar un día al mes, para vivir la vida de forma distinta, romper la rutina del diario vivir, no necesariamente debe ser algo ostentoso, solo algo que rompa tu rutina.
  -Leer un nuevo libro en cama.
  -Pasar el día jugando videojuegos.
  -Montarte en el bus que va más lejos de la ciudad y dar el recorrido completo.
  -Salir a jugar a la calle como lo hacías de niño.
  -Ir con tu novi@ donde no acostumbre, comer un helado y charlar (Esto lo hice en mi primer 19 y puta madre, ha sido un día genial).
No importa que sea lo hagas en ese día, solo hazlo diferente. Feliz 19.


Viviendo un día 19

La felicidad se puede explicar de muchas maneras, todas las personas tienen conceptos de felicidad mucho más complejos que otras y eso nunca cambiará.
Para unos la felicidad puede representarse en buenas notas en sus estudios, exito en sus proyectos, ser amado por alguien, hacer un viaje, comer, dormir, bailar, etc. Todo esto representa felicidad; sin embargo pasamos mucho tiempo buscando una felicidad completa, la gran felicidad que duré y sea prolongada, y nos olvidamos que esas pequeñas cosas que nos hacen felices, cuando las juntamos en recuerdos se convierten en esa gran felicidad.
Así como para unos el tener dinero, mujeres, o simplemente ser exitoso en todo representa su felicidad, para mi, es comer un helado al lado de quien quiero, conversar y reírnos, caminar juntos, hablar por WhatsApp y seguir riendo, decirle que la quiero, que ella me diga que me quiere, recordar lo que hice en el día y a pesar que no fue mucho, ser intensamente feliz.
Todos tenemos formas de ser felices, está fue la mía en este 19, un día "aparentemente normal" pero quizá el más feliz para mi.

sábado, 8 de febrero de 2014

Una noche, un cielo gris

En tan solo un instante de ver hacia la ventana del carro, mientras regresaba a casa, pude ver en un negro cielo nocturno que ya no era tan negro, estaba lleno de grandes nubes cargadas que tomaban el color rosa, el cual avisaba de una posible tormenta.

En noches como estás empiezo a pensar mucho, reflexionar sobre cualquier cosas. Las sombras de los arboles, las luces sobre la carreta y encima el cielo nublado, me hizo pensar sobre mi vida y de porque me sentia tan familiarizado con ese tipo de ambiente. Era feliz. Me sentia agusto con cada cosa que iba viendo en ese oscuro paisaje; sin embargo me di cuenta que mi vida estaba regida por el caos, buscaba siempre verle la peor cosa a todo lo que pasaba en mi vida y siempre podía buscar algo mucho peor, aunque fuera totalmente salido de la realidad.

Soy alguien que a veces ve solo lo que quiere ver, pero que tan diferente puede ser esto de cada persona en el mundo? Hablar sobre una realidad universal seria lo más absurdo de lo que se podría hablar, todos vemos una realidad distinta, todos de cierta forma vemos lo que queremos ver de lo que nos rodea. Mi vida esta llena de caos y de lo malo que siempre pueda pasar, ha estado tan llena de decepciones, fracasos, traiciones que es como siempre estar pre-dispuesto a que cualquier persona en mi vida en cualquier momento puede traicionarme. Quizá por eso tengo la facilidad de sacar a cualquier persona de mi vida en un segundo, que cuando yo lo decida no me importe en lo más minimo alguien o algo, yo mismo decido no hacer nada.

Mi vida puede ser un caos, pero en ese caos he aprendido a vivir y ser feliz.

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miércoles, 5 de febrero de 2014

Un juego de azar

En una noche del mes de octubre, durante la celebración de Halloween, John Knocks estaba intentando probar un nuevo truco para su público. John era un mago de profesión, su mayor destreza hasta ahora, la parte más aclamada de sus actos y con la que más envolvía de risas a su público era la hipnosis contrario a ella, los actos con juegos de azar era la gran debilidad de John. Era pésimo con las cartas, por eso se dedicó a perfeccionar sus técnicas de ilusionismo.

Esa noche del 31 octubre, mientras se preparaba para su nuevo acto en una plaza pública donde todas las personas iban a mostrar sus ingeniosos vestuarios, hasta el otro lado de su puesto un tumulto de personas curiosas se acrecentaba llamando su atención. En medio de la multitud una rubia de piernas largas y descubiertas, delgada y de altura promedio, lucía un short de jean con tiras rotas colgando, una sudadera negra en la que se alcanzaba a leer la palabra “Eminem” y  unas vans blancas. La maliciosa curiosidad por saber lo que tenía en mente aquella mujer rasgaba las entrañas del joven mago. Las personas seguían acercándose, parecía ser un acto más, quizá una contendiente buscando conquistar su público, en aquel sitio y más en esa festividad, los nuevos espectáculos eran muy comunes.

Se fue acercando cautelosamente para obtener una mejor vista, se perdió entre las personas que estaban allí para no dar aviso de su presencia a aquella mujer. Se hacía llamar Juliet D'Fleur -o al menos eso escucho al aproximarse lo suficiente-. Detrás de una pareja que se había detenido a ver el acto, obtuvo la vista perfecta de aquella inocultable belleza de piel bronceada, rasgos finos y brillantes ojos miel que atrapan a cualquiera que se atreviera a mirarlos muy fijamente.

El acto dio comienzo, la mujer sacó un manojo de cartas y capturó con ellas toda la atención de  Knocks.

 -Un voluntario por favor que se acerque. ¡Vamos! No teman, yo no muerdo,  por lo menos no en público -Dijo sonriendo, las risas curiosas del público no se hicieron esperar -¿Nadie?-

-Yo…  Aquí. Quiero participar -Dijo John impetuoso, ocultando cada pizca de duda, en realidad no quería acercarse demasiado.

-¡Oh! Un chico elegante, ¿Cuál es tu disfraz? -Juliet se mostró interesada en la elegancia que portaba su voluntario en un día como ese.

-No estoy disfrazado realmente, me gusta vestirme de traje -Dijo John, mientras acomodaba su saco de Antonio Piazzi importado, su más elegante y preciada prenda.

-Muy bien, un chico que se cree bastante maduro para esas cosas. Ya verás que te sorprenderás-Juliet mezclaba las cartas con una destreza incomparable, John jamás había visto tal cosa, ni en los grandes casinos a los que había visitado -Lo que harás será tomar una carta del mazo, verla y devolverla sin que yo la vea ¿Entendido?-.

 -Entendido-John tomo la carta, una reina de picas, y la devolvió fijándose detenidamente en que D'Fleur no la viera.

-Perfecto, ahora todos presten mucha atención a lo que va a pasar, esto nunca nadie lo había hecho y ustedes son muy privilegiados al poder ver algo de esta magnitud- Oraba con el entusiasmo de una animadora de feria.

Mezcló un par de veces más las cartas, de la nada apareció un hombre que parecía ser su ayudante con unos petardos, Juliet puso todo el mazo en el piso e hizo que los incendiaran y con ese fuego, encendió los pequeños petardos mandándolos a volar. Solo tres de ellos no salieron disparados, los demás salieron y explotaron en el cielo formando una especie de rectángulo con la forma de lo que parecía una carta. Antes que se apagaran, tomó una carta que aún estaba encendida y volvió a encender los petardos faltantes, esta vez sí salieron y explotaron formando lo que completaría aquella reina de picas en el cielo. El público asombrado veía el rostro pálido de John observando en el cielo la figura de la carta que pocos minutos antes había escogido.

-¿Cómo carajos hiciste eso? –Preguntó, la expresión de estupefacción aun no abandonaba su rostro -Vi y analice todo el maldito truco… Yo también hago magia-

 Juliet reía colocándose la mano encima de su boca -Eres un novato si crees que eso solo es magia, lo que yo hago es arte querido amigo, ¿De verdad crees que yo te lo diría?- Respondió mostrando la ironía característica de algo totalmente obvio-

-Sé que no, pero puedo ofrecerte cosas grandes a cambio- John improvisaba- Veo que te ganas la vida de los espectáculos que das - Expresaba franqueza para acentuarse ante aquella mujer que, en el fondo, le había vuelto añicos la razón -¿Te gustaría dar tus espectáculos en grande? ¿Viajar por el mundo?-

-¿Y cómo es que tú puedes ofrecerme eso? –Juliet frunció el ceño con escepticismo, parecía muy en el fondo interesada en sacar información.

-Pues sé que no eres la típica rubia tonta, tocaste la seda de mi traje lo cual indica que sabes que ni con años de vivir así me alcanzaría para comprarlo- Puntualizo John con aires de grandeza-.

-Solo responde. -dijo tajante. 

-Te veo mañana. Toma, allí está mi número y la dirección de mi apartamento -dijo John mientras entregaba su tarjeta de presentación a Juliet.

Ya estaba por amanecer y John no había podido dormir en toda la noche, decidió a eso de las 7 tomar una ducha, por si a Juliet se le daba por cumplir su cita, por lo menos tendría una hora para estar listo. Pasó un buen rato en la ducha, se afeito y se echó un poco de perfume antes de salir.

-¡Pero qué…! ¡¿Cómo entraste?!- Gritó exaltado al ver aquella fémina figura sentada en su cama-.

-Secretos del oficio, querido. No es muy difícil violar una cerradura- Respondió Juliet mientras de un salto se paraba de la cama. Husmeaba toda la habitación de John -Tienes un apartamento muy bonito ¿Cómo consigues el dinero para pagar algo así?

 -Secretos del oficio, querida. No es muy difícil conseguir dinero- Dijo John sonriendo ironía. Se dirigió al armario por su ropa, la inesperada visita en su habitación lo había hecho olvidar por completo que estaba apenas saliendo de la ducha y que aún llevaba solo la toalla puesta.

Al estar a unos escasos pasos del armario, sintió un leve roce en la piel del abdomen que lo hizo retroceder. Volteó y vio que Juliet estaba barajando un manojo de cartas y que una de ellas estaba insertada en la puerta del armario que hacía apenas un segundo, él estaba dispuesto a abrir.

-Excelente, ese me encantó. Pero ahora necesito mi ropa, no querrás que me quede así- Decía John volviendo a tomar la puerta del armario para sacar su ropa pero una vez más se vio obligado a retroceder, Juliet había lanzado otra carta, exactamente encima de la que se había insertado antes en la puerta del armario, destrozándola y tomando el lugar de la anterior.

-Ya entendí  que sabes usar las cartas, ahora por favor déjame ponerme mi ropa-

Juliet levanto la ceja un poco y le dio una pícara sonrisa -No creo que sea necesaria la ropa en este instante, lo que vas a aprender lo puedes aprender con o sin ropa y entre más rápido salgamos de esto mucho mejor- Dijo mientras reparaba el marcado cuerpo de John de arriba abajo-.

  -¿Me estás tomando el pelo? Irrumpes sin aviso en mi apartamento y ¿Pretendes que me quede casi desnudo toda la mañana?- John sonaba un poco irritado –Eso no estaba en la propuesta-

-Eso es exactamente lo que quiero, entonces… ¿Lo tomas o lo dejas? –Pregunto ella aun sonriendo, sabía que su contrapropuesta no será rechazada.

Juliet se encargó de explicarle a John su arte, como manejarla y como ponerla en práctica de manera correcta. Decía que esa habilidad la había heredado de su abuelo, que había sido en su tiempo, un maestro de las cartas. La intensidad de la enseñanza de Juliet motivo a John a trabajar más duro, habían pasado ya cuatro horas John ya se sentía un poco exhausto, le propuso a Juliet tomar un descanso para preparar algo de desayuno, ella acepto sin objeción, se moría de hambre. Ella con dificultad le contó que sus padres nunca aprobaron que ella mostrara a las personas lo que sabía hacer con las cartas y que en el último año la echaron de casa. No tenía más familiares en la ciudad, todos vivían muy lejos, por esa razón hacía lo que hacía y así había logrado sobrevivir desde sus 17 años.

Mientras John preparaba unos improvisados waffless, Juliet no paraba de mirarlo, se deleitaba con aquella espalda musculosa y descubierta. De a momentos le resultaba electrizante, le llegaba de repente el enorme deseo de arrebatarle lo único que traía puesto y dejarse llevar.

Por: Mr Amsterdam.

Rincón de las malas intenciones


Buen día, querido lector casual. Hoy traigo este pequeño espacio en mi blog, una nueva sección llamada “El rincón de las malas intenciones”.

¿De qué se trata?

Se trata de un espacio de relatos de carácter adulto con historias inspiradas en el placer, la seducción, la perversión y los malos pensamientos. Así que si andabas en busca de pasión y lujuria, ¡Este es tu lugar! Un lugar que, como su nombre lo indica, estará lleno de malas y prohibidas intenciones.

Esta sección de lectura erótica la estaré llevando en coautoría de la colaboradora del blog. Por fuera de la sección, aquí seguiré trabajando en mi escritura individual.

Espero vernos con frecuencia en este rincón.
Mr. Amsterdam.





Relatos de este rincón:

-Un juego de azar.


martes, 4 de febrero de 2014

Conocidos por casualidad (PARTE FINAL)

Después de un muy buen rato en un profundo silencio, Danielle decidió levantarse, soltó al caballo del árbol donde estaba agarrado y se subió, Tom sorprendido se levantó y le pregunto qué estaba haciendo, que si no se acordaba de lo que había pasado minutos antes por dejarla tomar las riendas del caballo.

  -Confía en mí, esto lo hago por los dos –dijo con una tierna sonrisa en su rostro-.

  -Pe-pero y si volvemos a caer o nos pasa algo peor, no me lo perdonaría –bajaba la mirada Tom en muestra de derrota-.

  -Solo te pido que confíes en mí, está vez, soy yo quien te pide que me dejes intentarlo, si llega a pasar algo será enteramente mi culpa –le extendió la mano a Tom, pidiéndole que subiera al caballo con ella-.

No tuvo mucho que pensar, confiaba en ella, de manera que no podía explicar cómo no podía ser capaz de decirle que no a Danielle, se subió con ella y le indico varias veces que debía hacer con las riendas y la fuerza que debía usar a la hora de frenar. Danielle dio un par de taconazos al caballo y esté arranco a trotar, aunque al principio se asustó un poco, logro tomar el control del caballo y empezó a disfrutar de la brisa haciéndole alocar su cabello y detrás de ella, ver a un chico que disfrutaba de ver la destreza con la que esa chica que hace muy poco tiempo, casi muere ahogada por indiscreciones de él y prácticamente obligarla a hacer algo que ella no sabía.

  -¿Cómo es que lo has dominado en tan poco tiempo? –Decía Tom con un tono de sorpresa muy notable-.

  -Pues solo quería demostrarte que todos podemos superar nuestros temores si estamos dispuestos a afrontarlos, mi temor era caerme del caballo pero ves que lo he dejado atrás y ahora puedo dominarlo, tú puedes hacer lo mismo con lo que sientes.

Tom se mantuvo en silencio a lo largo de la cabalgata, volvieron al mismo lugar debajo del árbol, volvieron a sentarse en el mismo sitio y dejar el caballo amarrado como antes, él seguía sin decir palabra alguna a lo cual Danielle tuvo que recurrir a romper el hielo.

  -¿Y qué tal estuve?

  -Genial, no había visto a alguien dominar tan rápido esto, realmente estoy muy impresionado –aunque las palabras de Tom sonaban muy genuinas, no le daba la cara a Danielle-.

  -Gracias, pero, no pareces muy convencido de lo que me dices, ni siquiera me miraste al decirlo –dijo con franqueza-.

  -Pienso en lo que dijiste sobre superar los miedos y ver como lo hacías tú, me hizo pensar mucho en que quizá solo he estado posponiendo algo que hace mucho he tenido que afrontar.

Danielle había logrado lo que desde el principio busco con lo que hizo, que Tom se diera cuenta de que por más fuerte o doloroso que sea afrontar algo, se debe enfrentarlo porque nada puede ser mayor que nuestras mismas fuerzas, no importaba cuánto tardará en entenderlo, por alguna extraña razón solo deseaba hacer algo para ayudarlo. Tom le dio las gracias, le dijo que nunca antes había querido hablar de eso con alguien porque siempre temía ser juzgado o no quería escuchar las mismas cosas que le dijeron por mucho tiempo cuando ocurrió aquel fatídico accidente, de cualquier manera, para haber sido la primera vez que le hablará de eso a alguien, había entendido cosas que jamás antes pensó y realmente estaba muy agradecido con aquella que horas antes, solo era una desconocida.

Ya estaba atardeciendo, los dos quedaron en un silencio profundo por un largo tiempo, solo querían disfrutar del paisaje que les estaba ofreciendo la naturaleza, la posibilidad de estar en paz en sus mentes, solo pensar en ese momento que pasaban y olvidarse que por fuera de todo ese verde natural existía una ciudad, una familia, una universidad y las responsabilidades que día a día los desgastaban, se sumergieron en ese momento, Danielle recostó su cabeza sobre el hombro de Tom y él paso su brazo por detrás de su espalda posando su mano en el hombro contrario de Danielle, para ser desconocidos aquella imagen demostraba algo totalmente contrario, eran como amantes destinados, almas que por fin se habían encontrado.

Hubo un momento donde un par de aves empezaron a adornar aquel atardecer con sus impetuosas alas blancas, dándole a aquel paisaje una razón más por la cual disfrutarlo con todas las ganas, se dirigieron una mirada, sudaron sus manos, temblaron sus voces.

  -Desde hace un momento, me pasa algo –decía muy forzosamente Tom-, siento un cosquilleo cada vez que toco tu piel, cada que te mueves o me miras y no dejo de ver tus labios.

  -¿Quieres besarme? –Pregunto cortante Danielle, pero en su voz se notaba un extraño tono-.

  -Más que nada en este momento.

  -Entonces, ¿Por qué no lo haces?

Inmediatamente después Tom se acercó muy pausadamente a los labios de Danielle, no podía controlar su respiración y podía escuchar el latir fuerte de su corazón, pero al mismo tiempo miraba a Danielle que parecía estar como él, su mirada se fijaba en sus ojos y de inmediato en sus labios, respiraba forzosamente por los latidos de su corazón acelerados, cuando estaban a solo un paso de tocar sus labios, sintieron como sus respiraciones se hacían una sola al estar tan cerca, estaban compartiendo el mismo aire y al sentir los suspiros del  otro por sus rostros, exactamente sobre sus bocas, se empaparon en el deseo de fundirse en un beso, las constantes electrocutadas en sus cuerpos, la sentían en la piel al punto de erizarla. No pudieron aguantar un minuto más y al tocar sus labios, los dos suspiraron al mismo tiempo, a lo lejos, se veía solo la silueta de dos personas uniéndose bajo la vista de un atardecer adornado, por hermosas aves blancas de alas majestuosas.

Lo que paso luego es cuestión de entender cómo Tom describió a Danielle, lo cual viene a continuación.

Ella, tan determinada, tan suspicaz, de una mirada que podría ser amenazante y en un segundo pasar a ser tan inocente y tierna que sería imposible no envolverte en ella.

Aquella chica de negros cabellos, ojos expresivos y oscuros, labios de una muy provocativa carnosidad… Ella, que con su baja estatura podría confundir a muchos, porque era de una fuerza impresionante y un ímpetu que contrastaba con su altura. Su inteligencia sobreexcedía sus propios atributos, haciéndolos todavía extrañamente más deseables, aunque no fueran muy vistosos, sabia llevar cada parte de su cuerpo, ella era tan sexy casi tanto como lo era de inteligente.

De muchos talentos, pero de modestia excesiva, lo cual en ocasiones podría ser molesto, pero no en ella. Sus pequeñas cosillas, como ella solía decirles, que muchas veces a ojos de otros podría ser una hermosa obra de arte.

Con un carácter magistral, una fiera indomable cuando se lo propone, aunque puede llegar a ser alguien muy dulce y profundo por otro lado… Cada aspecto de ella sorprende, dispuesta siempre a aprender cosas nuevas. Firme en sus decisiones confiada siempre de sí misma, con la capacidad de entender todo lo que pasa a su alrededor en cuestión de muy poco tiempo. Una mujer sumisa siempre y cuando se le sepa tratar, pero salvaje si no tuviste mucho éxito en tu estrategia al tratar con ella. Nunca la retes, porque no va a descansar hasta hacerte tragar tus palabras. Puede llegar a esconder miles de secretos bajo esa profunda y envolvente mirada, siempre sabes que tendrá algo para decir.

Ella es esa mujer que solo encuentras una vez en la vida, esa que si la dejas nunca la olvidaras, pues es ese tipo de mujer que se mete en tu mente para nunca salir, podrías decir que ella no es una mujer, ella “es la mujer”.

Tan difícil como escribir una perfecta prosa literaria es describir a esta chica, solo eres un novato que se le ocurre cierto poemita y cree que ya puede escribir un libro, con Danielle te equivocas, ella es como un libro abierto, donde no sabes dónde está el principio y poco te interesa encontrar el final, con ella aprendes a apreciar la buena literatura por ser ella una obra de magnitud indescriptible, ella te dará pase libre para que conozcas sus capítulos solo si eres capaz de entender lo complicado de sus páginas. Eso amigo mío es la verdad sobre está inigualable mujer, tan hermosa y sensual como solo yo podría imaginar, puedes verla como una bendición o una maldición, o quizá, un poco de las dos y si piensas en la última opción, usted ha elegido bien.




Dicho esto, pueden conocer en lo que Danielle se convirtió para Tom y si en realidad aún no se lo alcanza a imaginar, es porque está en el lugar equivocado.

jueves, 30 de enero de 2014

Conocidos por casualidad (PARTE 4)

Habían pasado ya tres años desde aquel suceso trágico en la vida de Tom. Fue en unas vacaciones de mitad de años, Tom, sus amigos y familiares fueron a una finca, a la cual por petición de Tom, llevaron unas cuatrimotos que alquilaron para aquel paseo. Al llegar e instalarse, todos estaban ansiosos por montar las cuatrimotos en el campo, pero no sin antes escuchar las indicaciones de los familiares.
  -Pueden recorrer toda la finca, hay varias represas, pero solo una esta sin crías de pescado. En esa les queda prohibido entrar, es muy profunda y de piso traicionero.
El padre de Tom explicaba que varias veces el barro lo atrapa en el fondo, pero todos estaban tan emocionados que no escucharon esta ultima parte, debido a que en la finca habían construido una piscina nueva y no tenían necesidad de ir a una represa, ellos solo querían andar sus cuatrimotos. Tom sugirió pasar por las represas, pues eran caminos planos donde podían disfrutar de la.velocidad de las motos y todos aceptaron sin objeción.

Tom iba con Alex, en ese entonces su mejor amigo, ellos se criaron juntos, como hermanos, él no sabia manejar muy bien así que le pidió a Tom que le enseñara ya que era campo abierto, seria más fácil para aprender, a lo cual accedió.
Alex aprendió bastante rápido, tanto que cuando iban llegando a los terrenos planos de la represa propuso hacer carrera, todos aceptaron, tenían la adrenalina a mil. Aunque Tom le pidió que le cedería el mando se la moto, Alex se negó rotundamente, estaba lleno de adrenalina y muy confiado por lo bien que había manejado hasta el momento.
Inicio la carrera, en cuestión de segundos Alex tomo la delantera, realmente había aprendido bastante bien y estaba demostrándolo, les tomo mucha ventaja a los demás, Tom emocionado le dijo que viera cuanta ventaja lea habian tomado, Alex volteo y rieron, pero perdieron de vista el camino y se dirigían directamente a un hueco, Tom alcanzo a verlo pero fue demasiado tarde.

Tom, trago en seco, se había paralizado, las lagrimas en su rostro se hacían mas constantes, pero no producía sonido alguno. 
  -Toma aire, cálmate, si no quieres seguir lo entiendo perfectamente solo quiero que te calmes -le decía Danielle mientras lo tomaba de las manos-.
  -N-No, es-esta bien, lo siento es que aún siento ese recuerdo demasiado intensamente.
Tom tomo aire, agarro fuerte las manos de Danielle y ella correspondió, agarrándolo también con fuerza.

Alex trato de hacer lo que pudo para esquivar el hueco, pero volcaron, la moto se disparo unos 4 metros, cayendo con Tom y Alex dentro de la represa traicionera, la peor parte la llevo Tom pues no sabia nadar, además de que su pantalón estaba atorado en una parte de la moto y esta ya estaba hundiéndose. Alex que por otro lado era un nadador experto, incluso había sido campeón de clavados, salio rápidamente a la superficie luego de caer, estaba un poco aturdido por el golpe en el agua, pero estaba bien, pero al no ver a Tom sino unas burbujas salir, se alarmo y nado rápidamente para ayudarlo. Se sumergió hasta el fondo, al llegar alcanzo a notar la moto a pesar de lo turbio del agua, inmediatamente diviso a Tom suspendido e inconsciente, lo halo pero se dio cuenta que tenia el pantalón atorado, hizo lo que pudo para zafarlo, lo consiguió y en ese momento otro de sus amigos que era el otro que sabia nadar llego a auxiliarlo y subió a Tom de inmediato, lo llevaron a la orilla y lo golpeaban en la espalda y presionaban su pecho para que reaccionara, luego de un instante notaron que Alex no salia. Tom despertó, pregunto de inmediato por Alex, a lo que respondieron que no había salido aún, no sabían que había pasado, pero que ya estaban en busca de él. Tom espero 15 largos minutos, los más largos se su vida, hasta que vio salir a Alex, todos intentaron reanimarlo para que reaccionara, pero no sobrevivió, al salvar a Tom, Alex había quedado enterrado entre el barro y la moto en el fondo, no pudo soltarse a pesar de todos sus esfuerzos. Tom tenía a su amigo entre sus brazos, su hermano, había muerto por salvarlo a el, entre gritos de dolor y llanto, la.vida de Tom cambio desde ese momento.

Luego de terminar la historia, hubo un silencio prolongado, Danielle estaba anonadada y Tom se estaba reponiendo de aquel recuerdo.
  -Nunca he podido superarlo sabes, todo fue mi culpa, todo lo que paso fue mi culpa y todos se encargaron de solo decirme que no lo era, pero sabia que lo decían por consolarme y me empezó a molestar -Tom parecía un poco más repuesto del recuerdo, ahora parecía tener rabia recordando las cosas que decían las personas-.
  -Pero Tom, es que no creo que lo dijeran por condescendencia o lastima, realmente no sabias que eso pasaría, antes de lamentarte tanto tiempo, deberías verlo como tu héroe, dio la vida por ti, como un hermano lo haría.
  -Lo sé, pero no puedo dejar de pensar en que pude hacer algo más y contigo, lo que paso contigo, tenerte en mis brazos y no reaccionabas, demonios no hubiera podido soportar algo así nuevamente, lo siento en serio, lo siento mucho -Agarro las manos de Danielle y acerco su rostro a ellas, suplicando perdón entre sollozos y lagrimas-.