No te enamores de una mujer culta, maga, delirante, loca. No te enamores de una mujer que piensa, que sabe lo que sabe y además sabe volar; una mujer segura de sí misma.jueves, 24 de julio de 2014
No te enamores de una mujer que...
No te enamores de una mujer culta, maga, delirante, loca. No te enamores de una mujer que piensa, que sabe lo que sabe y además sabe volar; una mujer segura de sí misma.domingo, 15 de junio de 2014
Pastillas para no soñar
miércoles, 23 de abril de 2014
Una historia de vagón
El tren ya había arribado, habían muchas personas
aglomeradas en los vagones para turistas, yo había echo lo posible por comprar
el tiquete en el vagón de primera clase, parecía que iba a ser para mi solo;
sin embargo vi acercarse una mujer muy abrigada, pues hacia mucho frío en
realidad, llevaba lentes negros y un cabello rojizo y ondulado que me trajo los
más gratos recuerdos de Magie y Mika, la deje pasar primero y luego subí yo, solo
éramos los dos en aquel vagón. Me senté a 3 puestos de ella, pero mirándola de
frente, esa mujer me causaba cierta curiosidad que se intensifico más al ver
que se despojaba de su abrigo, pues dentro del vagón estaba cálido. Los
asientos cuyo respaldo puede girar en ambos sentidos, me permitieron disimular
ante aquella mujer el interés creciente que sentía por ella, parecía un niño
dando vueltas en el asiento, así que ella no dudaría en no mostrarme nada de
atención, la vi quitarse su abrigo y mostrar unos voluptuosos pechos cubiertos
sobre su blusa de seda que se resbalaba deliciosamente entre más se movía, creí
verle los pezones a través de lo azulado de su blusa, además su apetitosa carne
blanca estaba muy al descubierto por un gran escote, fue difícil no fijar la
mirada por unos segundos, me miro – mierda, se habrá dado cuenta que la estaba
mirando- gire en el asiento, pero no del todo, quede mirando hacia el costado
del vagón, pude notar que ella sonrió, se había dado cuenta que la miraba -nuevamente di un giro, se había quitado todo el abrigo-, dejo sus piernas
blancas al descubierto, solo las tapaba una falda muy ajustada a sus muslos,
cuando alce la vista ella había puesto su brazo por detrás de su cuello
haciendo que la blusa de seda se pegara completamente a sus pechos mostrándolos
aún más enormes de lo que los veía ¡Dios mio, pero que pechos! No pude quitarles la mirada, hasta que de golpe me dijo...
Aunque el espacio era sumamente incómodo, trate de
incorporarme lo más que pude, volví a besarla en la boca y pasé mis manos por
su espalda. Recuerdo lo maravilloso de los pechos de Magie en aquel vagón de
tren. Ella empezó a halar mi corbata, luego cambiando de idea, desabotonaba mi
camisa excepto el primer botón, sus dedos recorrían mi pecho, se inclino a
besármelo. Metí mi mano por entre su falda y ella movía sus caderas hacia
adelante, se deslizó en el asiento, dejando su cabeza apoyada en la ventana, no
era fácil encontrar acomodo, la levante, los dos estábamos mas o menos de pie
en el espacio que teníamos, la traje hacia mi y me abrazó, sentí sus pechos
desnudos contra mi piel, fue cuando empuje con fuerza mi muslo entre sus
piernas y ella lanzó un leve gemido. Baje mi mano y la deslicé entre sus
muslos, pude sentirla perfectamente a través del húmedo de sus bragas, abrió
las piernas y se estremeció lentamente bajo mi mano. Baje sus bragas hasta las
rodillas, saco una pierna de las bragas, pasé con lentitud los dedos entre su
húmedo sexo descubierto, me bajo bruscamente el pantalón, lo mismo hizo con mis
bóxers, cogiéndome con ambas manos, me hizo salir erecto. Empujé a Magie contra
el asiento, quedo con la cabeza y el hombre apoyados contra la ventana, tenía
la falda levantada hacia la cintura y las piernas abiertas, yo estaba inclinado
sobre ella con mis manos en sus caderas, pensé en llevarla al baño, allí
tendríamos más intimidad, pero sabía por lo osada que era que no seria posible.
Cuando estaba empezando a penetrarla, el tren freno bruscamente, mire por
la ventana. Pensé que habíamos llegado ya –maldita sea-, pero luego supe que no
era ningún sitio donde el tren tuviera que parar, llegábamos a una estación
desconocida y Magie y yo dábamos justo al andén y había gente –por suerte muy
poca- confiaba en que ninguno subiera al tren y mucho menos al vagón; sin
embargo quedaron muy bien situados para poder espiar y nuestro vagón en
especial paro frente a tres señoras ya cincuentonas, aquello les ofreció una
vista de Magie con los pechos al aire y piernas sobre los asientos y de mi,
erecto y asustadizo, encima haciendo maniobras para estar encima de ella. Su
porte de cincuentonas parecía salido de una película de dinosaurios, miraban
con sus ojos desorbitados y cada una formo un su boca una O de asombro, ella levantó la vista hacia mi y luego, giro para mirar hacia la ventana haber que
pasaba, estuvo unos instantes viendo, se volvió de nuevo hacia mi, yo estaba
paralizado, incluso pensé en subirme los pantalones y abrochármelos delante de
ellas, pero eso solo se hubiera visto estúpido, Magie sonrió maliciosamente, se
lamió los labios despacio y me beso con suavidad. Las Oes de las señoras eran
aún más vistosas, ella puso de inmediato su boca en forma de O y la aplicó
contra mi, en ese instante el tren volvía a moverse, sentí su boca y sus manos por todo el cuerpo, las caricias de su lengua y de sus labios me
hicieron olvidar aquel momento, la levante, la volví a poner contra la ventana
y cuando nuevamente estaba penetrando, el tren volvió a frenar muy bruscamente
–maldita sea, que putas le pasa a este tren, no me va a dejar coger-. Resultaba
que ya habíamos llegado y el revisor venia entrando, nos pusimos la ropa
rápidamente.jueves, 20 de marzo de 2014
Un giro inesperado
Es increíble como en cuestión de segundos, la vida puede tomar giros tan inesperados que muchas veces no logramos explicar ¿qué paso?, qué fue eso que nos paso por en frente a tan rápida velocidad que no nos dimos cuenta sino hasta cuando ya nos estábamos inmersos dentro de aquello que pasaba... pues así fue para mi en un mes de junio de hace ya un par de años.
Todo pasaba normalmente, me encontraba trabajando, mi hora de salida seria a las 7pm, era lo normal, pero llegada la media hora faltante para poderme ir, mi compañera de trabajo hizo una llamada a la jefa ofreciéndole disculpas porque no podía quedarse ese día hasta más tarde y que yo había aceptado tomar su lugar -no sé de donde saco eso- aunque el día anterior ya lo había hecho también -hijaa de puta, pensé-, se dirigió a mi y me dijo, yo te lo compensaré y se fue así sin más. Estaba muy molesto al principio lo debo aceptar, pero luego de un rato se me paso y encontré una forma de entretenerme, pasadas las 8:45pm decidí que ya era hora de irme, no podía estar más tiempo y pedí a las personas que aún se encontraban allí que por favor culminaran sus actividades porque ya era muy tarde y tenía que cerrar el negocio, las personas muy amables se levantaron rápidamente y dando las gracias partieron una detrás de la otra, a las 9pm ya me encontraba fuera, dispuesto a irme a mi casa y descansar, esperaba el bus pero no pasaba, me estaba impacientando pues me solo quería dormir, había sido un día largo y duro para mi, en eso apareció un hombre de la nada en la esquina inmediatamente anterior donde yo estaba, lo mire un par de veces con recelo, cada vez se acercaba más -donde putas esta el maldito bus-, no espere más, paso una moto y le pedí que me llevará, di una ultima mirada atrás y aquella persona estaba parando el bus el cual yo tanto tiempo había esperado, que suerte la mía, pero no pensaba en ello ya me dirigía a mi hogar. ¿Dónde lo llevó? -me preguntó el conductor-, al decirle la dirección, me dijo... ¿Y eso por dónde es?, -era en serio o solo me estaba tomando el pelo, mi barrio era popular todo mundo sabia de su existencia, pero al escucharle el acento del interior del país supe que apenas llegaba a la ciudad-, no te preocupes yo te indico por donde -le dije-. Fue entonces cuando no me di cuenta que se había pasado un alto en la calle, debíamos haber parado, pero siguió y cuando volteé solo pude vislumbrar la luz penetrante de una moto que se dirigía directamente hacia mi, el choque fue inminente y sumamente fuerte, salí disparado unos metros, momentos antes de caer lo vi todo muy lento, pues en mis ojos pasaba todo lo que en ese día me había tocado pasar, hasta que caí al suelo sentado, luego un golpe en la cabeza, quedé inmóvil, no podía mover mis piernas y el golpe en la cabeza me había dejado aturdido, solo podía ver como una mujer que suponía había sido la otra victima de aquel accidente, tenía mucha sangre en su rostro.
Luego de unos instantes me levante, con mucha dificultad, tome otra moto y me fui del lugar, al llegar a mi casa me tire en la cama, no pude moverme en toda la noche, no había querido ir a un médico ni nada por el estilo y gracias a eso mis padres me regañaron muy feamente.
Está es una historia que demuestra como en unos segundos la vida da giros inesperados, primero puedes estar tranquilo y sentado muy cómodamente, y a los minutos siguientes estás tirado en el asfalto de una calle sin poderte mover ni hacer nada por ti mismo y esa fue la tercera vez que pude haber perdido la vida muy seriamente. Pero aquí estoy, echando el cuento jajaja este es mi relato de un nuevo 19, algo diferente porque nunca me ha gustado tocar esos temas.
miércoles, 12 de marzo de 2014
Concede un detalle
Yo empece con un "Gracias" diario a Dios, con un "buenos días mi amor" a mi novia y con un "espero tenga buen día, que le vaya muy bien" a mi madre y mi hermana, puede que ninguno me devuelva alguna de esas cosas o no lo haga muy a menudo, pero cuando Dios me demuestra con cosas buenas en mi vida que escucho ese "Gracias", cuando mi novia me responde los buenos días y en realidad le va bien, y cuando mi madre y mi hermana me dicen que les fue muy bien en su día, ese simple hecho es gratificante para mi.
jueves, 6 de marzo de 2014
Vacaciones de nieve y champán
Habían recibido la noche anterior la decepcionante noticia de que la edificación antigua más cercana no estaba abierta a las visitas turísticas, así que por lo pronto debieron conformarse con salir a conocer los alrededores.
Natalie apenas despertaba cuando el teléfono sonó y Steve recibió la llamada. Era el asesor turístico que comentaba que la agencia tenía algunas cabañas para quien decidiera quedarse incluso a pasar la noche, todo en recompensa por no poder llevarlos a ningún lugar histórico ese mismo día. Cabañas de madera, el fuego de una chimenea, Natalie y Steve se miraron sonrientes, la idea les había caído del cielo a ambos.
Fue un corto viaje en auto colina arriba para llegar al lugar, conocieron la pequeña, cálida y acogedora cabaña de madera en medio del paisaje blanco y montañoso de Rumania, estaban fascinados.
La joven pareja disfrutaba de aprender a esquiar, Steve pronto estuvo listo para subir algunas colinas no muy elevadas de principiantes. Natalie por su parte, no tan hábil como él, apenas y podía sostenerse, las piernas le temblaban de frío y no paraba de abrazar a Steve. La temperatura acababa con ella y terminó sentada tomando un chocolate caliente de la cafetería, al menos eso pidió al guía, no entendía muy bien el idioma pero estaba muy cómoda. Le encantaba el paisaje y la nieve, además que ver a su esposo intentar y resbalar todo el tiempo era realmente divertido.
Después de un rato, Steve, siempre aventurero, quería ir hasta arriba de la montaña en las sillas elevadizas pero habían cerrado el servicio, la gente se dispersaba y todos hablaban y discutían cosas en su idioma. Entraron al salón -Deben quedarse en la cabaña- habló por fin un hombre en un idioma familiar a ellos, había una considerable cantidad de turistas de habla hispana -Se acerca una tormenta de nieve y todos tienen que guardar refugio hasta nuevo aviso. No es posible, en estos momentos, bajar la montaña hasta el hotel, la tormenta nos alcanzaría y sería demasiado peligroso- expuso el asesor turístico en voz alta tratando de calmar las ansias. Natalie y Steve guardaron la calma, compraron algunas cosas en la tienda y volvieron a la cabaña, la idea de quedarse allí por ese día no les molestaba. Prendieron fuego, la temperatura no dejaba de descender, la nieve caía y el viento soplaba muy fuerte, en unos minutos caería la tormenta y estarían atrapados allí por un rato.
Al cabo de unas horas charlando en el sofá, Steve advirtió que la leña se estaba consumiendo y quedaba poca, así que se levantó, se abrigó y salió a buscar más leña. No tardó mucho en regresar, estaba muy emocionado -¡Vístete ya! Trae algo de comer en el bolso, tengo que mostrarte algo-
-¿Qué sucede? ¿No ves que me estoy congelando?- Natalie tartamudeaba, su mandíbula temblaba y estaba muy confundida.
-Parece que la tormenta destapó un camino- Señalaba Steve ya afuera, mientras caminaba. Se adentraron en un lago congelado, en donde se reflejaba con claridad la luna, Natalie empezaba a desesperar, el viento soplaba y parecía que en cualquier momento la tormenta traería más ráfagas de nieve. De pronto, de en medio de la nada, surgió aquella enorme y hermosa cabaña a un lado del lago, Steve había llegado allí buscando árboles secos para leña. La cabaña parecía ser antigua y abandonada, entraron sin tiempo para meditarlo, la tormenta comenzaba a hacer estragos.Natalie cruzaba los brazos en signo de incomodidad mientras caminaba husmeando con la mirada la extensa colección de libros en los estantes de las paredes, fue lo primero que observó después de que Steve iluminara el lugar encendiendo algunas velas. Al subir con algo de vacilación al segundo piso, encontraron un hermoso cuarto con una cama enorme y muchas pinturas colgadas. -Parece que las últimas personas en habitar este lugar vivieron hace muchos años-
-Así parece- respondió Steve mientas abría la puerta de un pequeño desván, iluminó con una lámpara de mano y ante él se extendió una ostentosa colección de vinos. Lo admiró encantado, amaba los vinos. Una repisa especialmente adornada llamó su atención, tenía tan solo cuatro botellas, era champán de una reserva relativamente joven. Observó a su esposa aun inquieta, no pudo evitarlo, tomó dos botellas, un par de copas que colgaban lujosas en la parte superior de la repisa.
-Creo que es mejor que bajemos- Siseó Natalie aun con los brazos cruzados.
-Por supuesto, pero antes algo para calentar la garganta- Steve meneaba las botellas en señal sugestiva con una sonrisa en el rostro. Convencerla del primer sorbo pareció una batalla, pero una vez el dulce y cálido sabor del champán se deslizó en la garganta por vez primera, la joven sucumbió al deleite. Ambos sentados en el viejo sofá, tomando aquella bebida ajena, en un lugar desconocido, perecía tan surrealista. Afuera el viento soplaba, la nieve caía a una magnitud cada vez más impresionante, la tormenta era implacable.
El tosco ambiente se hizo cálido, hablar y reír juntos, abrazados, dándose calor mutuo, eran unos de esos detonantes que mostraba aquella peculiar capacidad que tenían, desde que se vieron por primera vez, de desconectarse del mundo en cualquier situación, en cualquier problema, en cualquier lío, solo para permitirse estar juntos y mirarse, conectarse y hacer de cuenta que no existe nada más allá de los dos. Fue un trago tras otro, en cuestión de minutos, horas quizá, ya estaban destapando la segunda botella con confianza y ligereza. Tal vez era todo efecto del champán, eran muy conscientes de que comenzaba a hacer estragos en sus entrañas, aún así querían disfrutar, de eso se trataba su viaje. Hacía dos años que estaban casados, juntos a los ojos de Dios, en esa misma época, bajo una nieve tan blanca como la que retumbaba feroz fuera de aquella cabaña. Steve la miraba hablar, se perdía en su boca como siempre lo hacía, se quitaron los abrigos, estaban frescos y cómodos.
Natalie se quitó el grueso suéter de lana, se acurrucó en su regazo, le miraba a los ojos y le sonreía acariciándole el rostro. Sus manos suaves y tibias, sus labios se veían más deliciosos que en otro momento, la observaba aborto en recuerdos de esos últimos años a su lado.
-¿Sucede algo? Estás…- La interrumpió, no podía más, le tomó el rostro y le besó con la delicia y deguste con el que se prueba un fino champán. Como si hubiera pasado un milenio sin verla, como si fuera la primera vez que la besaba en mucho tiempo.
La tomó por la cintura atrayendo su cuerpo junto al suyo con fuerza, la intensidad de los corazones que latían al tiempo era inmensa. La pasión juvenil parecía crecer con los años juntos, muy a pesar de que siempre consideraron que el tiempo era de esas armas de doble filo que podía venirse en su contra en cualquier momento. Ellos en cambio, con tocarse sentían que sus pechos podían hacer un solo de batería a la perfección.Lo miró a los ojos, “te deseo tanto” pensó Steve, y ella, como respondiendo a un mensaje mental, se quitó la blusa y lo ahogó en un beso largo y profundo.
La empujó hacia una mesa, un par de besos en el cuello, otro par en la espalda, una acción en cadena que desataba toda la ansiedad y Natalie, sin más indecisión supo que no podían parar. Él comenzaba a deslizar los dedos entre las piernas y a cada centímetro que avanzaba en su recorrido, ella las separaba más en modo de invitación pero una vez que estuvo a punto de llegar, ella le detuvo y le mordió le cuello con ímpetu.
Aquello fue como una especie de combustible derramado sobre una llama ya ardiente, Steve le arrancó el sostén y comenzó a devorar los senos con apetito. La tomó del trasero la subió a él y la llevó de espaldas contra la estantería de los libros. Natalie le quitaba el suéter y lo besaba con algo de torpeza, una vez estuvieron de pie, ambos sintieron los estragos del alcohol. Libros y objetos caían mientras ellos daban vueltas descuidadas por el lugar, tropezando todo a su paso.
Se percataron del desastre provocado y rieron a grotescas carcajadas, pararon un momento y Steve volvió a recostar a Natalie sobre la esquina de uno de los estantes, este, para sorpresa de ambos se rodó un par de centímetros. Se miraron, Natalie retrocedió alejándose, siguieron empujando hasta descubrir una especie de entrada secreta que llevaba a unas escaleras.
Buscaron algo con qué iluminar, las escaleras, que eran realmente empinadas y largas, terminaban en una enorme puerta de madera, lo dudaron unos minutos, se volvieron a poner las prendas y sin ser capaces de pronunciar una palabra, comenzaron a subir los desconocidos escalones, deseosos de averiguar que había detrás de aquella entrada.
jueves, 27 de febrero de 2014
Un juego de azar 2
-Creo que ya es hora de que te vistas, ya casi me tengo que ir, podemos seguir esto otro día- dijo Juliet algo distante.
-Ya casi lo tengo, pero como quieras- respondió él -antes quiero que veas esto-
John lanzó una de las cartas hacia ella haciéndola saltar de sorpresa ante el roce. Se escuchó un pequeño golpe, Julieta vio estupefacta uno de sus colgantes partido en dos, en el suelo, se devolvió con enojo a su atacante pero este estaba ya en el baño poniéndose la ropa. Al menos había aceptado su sugerencia, eso le tranquilizó.
Una vez vestido, John se asomó en silencio, Juliet jugaba con las cartas como si fueran pelotas de baloncesto. Giraban en sus dedos, incluso una de ella llegó a girar tan rápido que una pequeña gota de sangre se deslizó por el dedo índice. John alarmado quiso advertirle que tuviera cuidado, dio un paso adelante y antes de poder decir una palabra, todas las cartas salieron disparadas cual cuchillas afiladas contra su cuerpo. Eran como ráfagas de viento tajante que le obligaron a cerrar los ojos por un minuto. Su traje caía hecho pequeñas tiras de tela hasta dejarlo en ropa interior.
-¡Oh mierda!, he fallado, se suponía que no debías quedar con nada encima- lanzó una risilla burlesca.
-¿¡Estás loca!? ¿Qué pretendes? Si querías verme desnudo solo lo hubieras dicho, no había necesidad de intentar mutilarme.
-Y es que… ¿Podía lograrlo así de fácil? Pensaba que con todo eso del traje y tus aires de superioridad, tendría que ser un poco más agresiva- Había cambiado su tono, era sugestiva y lanzaba una mirada directa.
-No te engañes, no quise hacerte lo mismo antes, pero luego de esto creo que es justo que lo haga- dijo John tomando las cartas que antes habían cortado su traje y haciéndolas girar en sus dedos igual que Juliet.-Quiero verte intentándolo chico listo- Lanzó una grotesca carcajada -Te recuerdo que cuando intentaste hacerlo estuviste muy lejos de hacerlo como yo- Comenzaba a deslizarse con encanto por el lugar, había perdido ya todo signo de incomodidad.
John esbozó una sonrisa y lanzó todas las cartas que tenía en sus manos. Juliet era una experta, engañarla o sería simple, eso lo sabía. Cada carta que John lanzó, ella la atrapaba entre sus dedos sin dejarle un solo rasguño.
-Buen intento, pero te falta mucho para llegar a mi nivel, lo siento- se contoneaba con orgullo.
-Sí, sobre eso… -fulminó con una desconcertante mirada de victoria.
Sacó de la nada una ultima carta, la giró un poco, pero está vez cerró los ojos y la lanzó directamente al pecho de Juliet. Ella sonrió, esa se le haría incluso más fácil que las otras. Unos instantes antes de que golpeara su pecho, John abrió los ojos y alzó una ceja dando una especie de orden a aquella carta con sus manos. La carta se dividió en muchas que tomaron diferentes direcciones, ella quedó inmóvil viéndolas pasar a su alrededor sin sentir un solo cosquilleo. Se relajó sonriente, pero al dar un paso adelante, justo antes de burlarse del intento fallido de John, su ropa comenzó a bajar hecha pedazos por su cuerpo. Él no había fallado.
John se deleitaba con aquella escena lleno de un creciente ímpetu de victoria, deseo, algo de lujuria y con un poco de burla por supuesto. La insolente joven que le había estado “enseñando” se encontraba desnuda y desorientada frente a él.
-Te lo dije, no te engañes. Pueden llegar a pasar cosas como esta si te confías- dicho esto, John usó uno de sus trucos de ilusión más populares, desaparecer.
-Pero… Pero ¿Dónde estás? Ahora que voy a hacer, no tengo ropa con que irme de aquí ¡Maldita sea, aparece!- Juliet intentaba cubrirse en vano, estaba expuesta y vulnerable, toda su confianza se había esfumado.
-No te preocupes- Susurró a su oído despojándola de las manos que con torpeza cubrían su cuerpo -Esta noche puedes dormir aquí, ya después conseguiré algo de ropa para ti- Juliet solo escuchó lo que quería escuchar, que podría quedarse a dormir con él, era lo que más deseaba, todo lo demás fueron balbuceos, se estremecía en sus adentros.
John intentaba contener las ganas que tenía de besarla y tocarla, trataba de hacer que ella fuera quien se acercara y le diera pase libre para hacer todo lo que deseaba, a pesar de sentir como se agitaba al respirarle al oído, notaba en su rostro la tensión y la inseguridad. Soltó sus manos, le tomó los senos, los acarició lentamente y la atrajo hacía su cuerpo, sus pieles ardían, no pudo contenerse más, la hizo girar y la besó con ansiedad.-Oye, ¿estás seguro de lo que haces?- Musito Juliet con voz entrecortada.
John agarró fuertemente su trasero para levantarla un poco, la dejó a escasos centímetros y la volvió a besar, podía acariciarla con el aire que exhalaba, ella lanzó un gemido silencioso que él pudo escuchar a la perfección. Eso bastó para que explotara en un beso salvaje, usó sus manos con destreza, mientras una se paseaba por los pechos de Juliet, la otra se iba deslizando lentamente por su abdomen hasta llegar a su entrepierna y entre más bajaba, la piel de la joven se erizaba con mayor notoriedad.
-¿Esto responde a tu pregunta? -John le susurró al oído.
-Yo… Tengo que decirte algo- Su tono de inseguridad había vuelto.
-¿Qué pasa?- sus manos había frenado en seco.
-Es que… Soy virgen- Agachó la cabeza.
-Oh, claro y yo tengo 15 años… En serio, ¿qué sucede?-
-Hablo en serio, estúpido. Me fui de casa a los 17 y desde entonces he vivido en la calle sola, ¿No crees que si no lo fuera, habría aprovechado mi cuerpo para encontrar alguien o por lo menos lugar donde quedarme?- Advirtió Juliet con su insolencia habitual.
John enmudeció, estaba más que sorprendido, en aquellos ojos no había muestra de engaño, contrario a ello, adquirió de pronto una imagen de vulnerabilidad e inexperiencia, ya no lucía como la imponente mujer de la plaza, pero lucía igual de hermosa. Una sonrisa se dibujó en su rostro -No te preocupes, a pesar de que no puedo evitar sorprenderme, ha sido una sorpresa bastante especial- la tomó por el mentón, le levantó el rostro, le sonrió y la besó. Entonces se dio cuenta de lo insensible que había resultado su comentario anterior -¿Acaso quieres que…?-
-Supongo que… Ten cuidado- Le dijo aquello mirándole a los ojos.
John hizo caso omiso lo que ella le pidió, cuidó cada caricia, cada beso, con la mayor delicadeza pero sin dejar de lado su intensidad y pasión. Besó cada parte de su cuerpo haciéndola gemir de deseo hasta los gritos. Penetró en su sexo con tacto y lentitud, ella no sintió dolor o por lo menos a él no le pareció, en ningún momento lo detuvo, al menos no un dolor lo suficientemente molesto. Su rostro era de placer indescriptible, ninguna de las mujeres con las que antes había estado expresó tal sensibilidad como aquella chica. Fue auténtica magia.
Despertó luego de un profundo sueño, miró hacia la ventana, ya estaba amaneciendo. Buscó a su derecha con la mirada y allí estaba ella, dormida junto a él con la mayor confianza del mundo, totalmente desnuda. John sonrió y trato de recordar todo lo que había pasado, llegó a la conclusión que una virgen le había dado la mejor noche de sexo de su vida y que ahora tendría que devolverle dos favores, pues ya se sentía un experto con las cartas. Se levantó, hizo una llamada y fue hacia la cocina. Regresó cuando Juliet estaba despertando y le llevó el desayuno a la cama, le dio un beso y se sentó a su lado.
-En 2 horas sale tu vuelo, espero sepas ruso, iras a Moscú para tu primera presentación- le dijo.
A Juliet, que apenas probaba el jugo de naranja, le fue casi imposible no escupir todo el sorbo -¿Moscú? Pero… ¿Cómo lo hiciste?¡Si apenas son las siete de la mañana! -Exclamó muy entusiasmada Juliet mirando el reloj.
-Ese fue el trato, solo que por lo de anoche, quise darte un regalo para que nunca más vuelvas a vivir un solo día en la calle y quien sabe si con eso por lo menos me aseguro que algún día vuelvas a mí- John la llevó de compras, era como ver a una niña en navidad rodeada de juguetes, fue momento de la despedida, él no podía llevarla al aeropuerto, pues tenía otro compromiso.
La hizo prometer que volverían a verse algún día cuando fuera exitosa, a lo que ella accedió sin ninguna objeción, la montó en un taxi y le dijo adiós. El taxi partió, el joven mago observó el hermoso parque que se extendía frente a él en todo su esplendor. Inhaló profundo, sintió cierta curiosidad, tenía una corazonada, algo le decía que el estar allí no era casualidad, algo le decía que allí encontraría lo que hace mucho buscaba.
miércoles, 19 de febrero de 2014
12 días sin normas al año
Demos un paso atrás para explicar un pequeño detalle. El episodio 19 en cada temporada de Fringe es diferente, extraño, se sale del molde, es el momento cuando el éxito se regodea con el “hago lo que me da la gana”. Puede ser un episodio musical, un cómic o una historia en el año 2036. La idea es que sea algo diferente, un viaje, una vuelta de tuerca hacia el otro lado, o hacia ninguna parte.
La norma es que no hay norma en el episodio 19.
-Leer un nuevo libro en cama.
-Pasar el día jugando videojuegos.
-Montarte en el bus que va más lejos de la ciudad y dar el recorrido completo.
-Salir a jugar a la calle como lo hacías de niño.
-Ir con tu novi@ donde no acostumbre, comer un helado y charlar (Esto lo hice en mi primer 19 y puta madre, ha sido un día genial).
Viviendo un día 19
sábado, 8 de febrero de 2014
Una noche, un cielo gris
En tan solo un instante de ver hacia la ventana del carro, mientras regresaba a casa, pude ver en un negro cielo nocturno que ya no era tan negro, estaba lleno de grandes nubes cargadas que tomaban el color rosa, el cual avisaba de una posible tormenta.
En noches como estás empiezo a pensar mucho, reflexionar sobre cualquier cosas. Las sombras de los arboles, las luces sobre la carreta y encima el cielo nublado, me hizo pensar sobre mi vida y de porque me sentia tan familiarizado con ese tipo de ambiente. Era feliz. Me sentia agusto con cada cosa que iba viendo en ese oscuro paisaje; sin embargo me di cuenta que mi vida estaba regida por el caos, buscaba siempre verle la peor cosa a todo lo que pasaba en mi vida y siempre podía buscar algo mucho peor, aunque fuera totalmente salido de la realidad.
Soy alguien que a veces ve solo lo que quiere ver, pero que tan diferente puede ser esto de cada persona en el mundo? Hablar sobre una realidad universal seria lo más absurdo de lo que se podría hablar, todos vemos una realidad distinta, todos de cierta forma vemos lo que queremos ver de lo que nos rodea. Mi vida esta llena de caos y de lo malo que siempre pueda pasar, ha estado tan llena de decepciones, fracasos, traiciones que es como siempre estar pre-dispuesto a que cualquier persona en mi vida en cualquier momento puede traicionarme. Quizá por eso tengo la facilidad de sacar a cualquier persona de mi vida en un segundo, que cuando yo lo decida no me importe en lo más minimo alguien o algo, yo mismo decido no hacer nada.
Mi vida puede ser un caos, pero en ese caos he aprendido a vivir y ser feliz.
Posted via Blogaway
miércoles, 5 de febrero de 2014
Un juego de azar
Esa noche del 31 octubre,
mientras se preparaba para su nuevo acto en una plaza pública donde todas las
personas iban a mostrar sus ingeniosos vestuarios, hasta el otro lado de su
puesto un tumulto de personas curiosas se acrecentaba llamando su atención. En
medio de la multitud una rubia de piernas largas y descubiertas, delgada y de
altura promedio, lucía un short de jean con tiras rotas colgando, una sudadera
negra en la que se alcanzaba a leer la palabra “Eminem” y unas vans blancas. La maliciosa curiosidad por saber lo que tenía en mente aquella mujer rasgaba
las entrañas del joven mago. Las personas seguían acercándose, parecía ser un
acto más, quizá una contendiente buscando conquistar su público, en aquel sitio
y más en esa festividad, los nuevos espectáculos eran muy comunes.
Mezcló un par de veces más las
cartas, de la nada apareció un hombre que parecía ser su ayudante con unos petardos,
Juliet puso todo el mazo en el piso e hizo que los incendiaran y con ese fuego,
encendió los pequeños petardos mandándolos a volar. Solo tres de ellos no
salieron disparados, los demás salieron y explotaron en el cielo formando una
especie de rectángulo con la forma de lo que parecía una carta. Antes que se apagaran, tomó una carta que aún estaba
encendida y volvió a encender los petardos faltantes, esta vez sí salieron y
explotaron formando lo que completaría aquella reina de picas en el cielo. El
público asombrado veía el rostro pálido de John observando en el cielo la figura
de la carta que pocos minutos antes había escogido.Por: Mr Amsterdam.
Rincón de las malas intenciones
Buen día, querido lector casual. Hoy traigo este pequeño
espacio en mi blog, una nueva sección llamada “El rincón de las malas intenciones”.Espero vernos con frecuencia en este rincón.
-Un juego de azar.












