sábado, 8 de febrero de 2014

Una noche, un cielo gris

En tan solo un instante de ver hacia la ventana del carro, mientras regresaba a casa, pude ver en un negro cielo nocturno que ya no era tan negro, estaba lleno de grandes nubes cargadas que tomaban el color rosa, el cual avisaba de una posible tormenta.

En noches como estás empiezo a pensar mucho, reflexionar sobre cualquier cosas. Las sombras de los arboles, las luces sobre la carreta y encima el cielo nublado, me hizo pensar sobre mi vida y de porque me sentia tan familiarizado con ese tipo de ambiente. Era feliz. Me sentia agusto con cada cosa que iba viendo en ese oscuro paisaje; sin embargo me di cuenta que mi vida estaba regida por el caos, buscaba siempre verle la peor cosa a todo lo que pasaba en mi vida y siempre podía buscar algo mucho peor, aunque fuera totalmente salido de la realidad.

Soy alguien que a veces ve solo lo que quiere ver, pero que tan diferente puede ser esto de cada persona en el mundo? Hablar sobre una realidad universal seria lo más absurdo de lo que se podría hablar, todos vemos una realidad distinta, todos de cierta forma vemos lo que queremos ver de lo que nos rodea. Mi vida esta llena de caos y de lo malo que siempre pueda pasar, ha estado tan llena de decepciones, fracasos, traiciones que es como siempre estar pre-dispuesto a que cualquier persona en mi vida en cualquier momento puede traicionarme. Quizá por eso tengo la facilidad de sacar a cualquier persona de mi vida en un segundo, que cuando yo lo decida no me importe en lo más minimo alguien o algo, yo mismo decido no hacer nada.

Mi vida puede ser un caos, pero en ese caos he aprendido a vivir y ser feliz.

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miércoles, 5 de febrero de 2014

Un juego de azar

En una noche del mes de octubre, durante la celebración de Halloween, John Knocks estaba intentando probar un nuevo truco para su público. John era un mago de profesión, su mayor destreza hasta ahora, la parte más aclamada de sus actos y con la que más envolvía de risas a su público era la hipnosis contrario a ella, los actos con juegos de azar era la gran debilidad de John. Era pésimo con las cartas, por eso se dedicó a perfeccionar sus técnicas de ilusionismo.

Esa noche del 31 octubre, mientras se preparaba para su nuevo acto en una plaza pública donde todas las personas iban a mostrar sus ingeniosos vestuarios, hasta el otro lado de su puesto un tumulto de personas curiosas se acrecentaba llamando su atención. En medio de la multitud una rubia de piernas largas y descubiertas, delgada y de altura promedio, lucía un short de jean con tiras rotas colgando, una sudadera negra en la que se alcanzaba a leer la palabra “Eminem” y  unas vans blancas. La maliciosa curiosidad por saber lo que tenía en mente aquella mujer rasgaba las entrañas del joven mago. Las personas seguían acercándose, parecía ser un acto más, quizá una contendiente buscando conquistar su público, en aquel sitio y más en esa festividad, los nuevos espectáculos eran muy comunes.

Se fue acercando cautelosamente para obtener una mejor vista, se perdió entre las personas que estaban allí para no dar aviso de su presencia a aquella mujer. Se hacía llamar Juliet D'Fleur -o al menos eso escucho al aproximarse lo suficiente-. Detrás de una pareja que se había detenido a ver el acto, obtuvo la vista perfecta de aquella inocultable belleza de piel bronceada, rasgos finos y brillantes ojos miel que atrapan a cualquiera que se atreviera a mirarlos muy fijamente.

El acto dio comienzo, la mujer sacó un manojo de cartas y capturó con ellas toda la atención de  Knocks.

 -Un voluntario por favor que se acerque. ¡Vamos! No teman, yo no muerdo,  por lo menos no en público -Dijo sonriendo, las risas curiosas del público no se hicieron esperar -¿Nadie?-

-Yo…  Aquí. Quiero participar -Dijo John impetuoso, ocultando cada pizca de duda, en realidad no quería acercarse demasiado.

-¡Oh! Un chico elegante, ¿Cuál es tu disfraz? -Juliet se mostró interesada en la elegancia que portaba su voluntario en un día como ese.

-No estoy disfrazado realmente, me gusta vestirme de traje -Dijo John, mientras acomodaba su saco de Antonio Piazzi importado, su más elegante y preciada prenda.

-Muy bien, un chico que se cree bastante maduro para esas cosas. Ya verás que te sorprenderás-Juliet mezclaba las cartas con una destreza incomparable, John jamás había visto tal cosa, ni en los grandes casinos a los que había visitado -Lo que harás será tomar una carta del mazo, verla y devolverla sin que yo la vea ¿Entendido?-.

 -Entendido-John tomo la carta, una reina de picas, y la devolvió fijándose detenidamente en que D'Fleur no la viera.

-Perfecto, ahora todos presten mucha atención a lo que va a pasar, esto nunca nadie lo había hecho y ustedes son muy privilegiados al poder ver algo de esta magnitud- Oraba con el entusiasmo de una animadora de feria.

Mezcló un par de veces más las cartas, de la nada apareció un hombre que parecía ser su ayudante con unos petardos, Juliet puso todo el mazo en el piso e hizo que los incendiaran y con ese fuego, encendió los pequeños petardos mandándolos a volar. Solo tres de ellos no salieron disparados, los demás salieron y explotaron en el cielo formando una especie de rectángulo con la forma de lo que parecía una carta. Antes que se apagaran, tomó una carta que aún estaba encendida y volvió a encender los petardos faltantes, esta vez sí salieron y explotaron formando lo que completaría aquella reina de picas en el cielo. El público asombrado veía el rostro pálido de John observando en el cielo la figura de la carta que pocos minutos antes había escogido.

-¿Cómo carajos hiciste eso? –Preguntó, la expresión de estupefacción aun no abandonaba su rostro -Vi y analice todo el maldito truco… Yo también hago magia-

 Juliet reía colocándose la mano encima de su boca -Eres un novato si crees que eso solo es magia, lo que yo hago es arte querido amigo, ¿De verdad crees que yo te lo diría?- Respondió mostrando la ironía característica de algo totalmente obvio-

-Sé que no, pero puedo ofrecerte cosas grandes a cambio- John improvisaba- Veo que te ganas la vida de los espectáculos que das - Expresaba franqueza para acentuarse ante aquella mujer que, en el fondo, le había vuelto añicos la razón -¿Te gustaría dar tus espectáculos en grande? ¿Viajar por el mundo?-

-¿Y cómo es que tú puedes ofrecerme eso? –Juliet frunció el ceño con escepticismo, parecía muy en el fondo interesada en sacar información.

-Pues sé que no eres la típica rubia tonta, tocaste la seda de mi traje lo cual indica que sabes que ni con años de vivir así me alcanzaría para comprarlo- Puntualizo John con aires de grandeza-.

-Solo responde. -dijo tajante. 

-Te veo mañana. Toma, allí está mi número y la dirección de mi apartamento -dijo John mientras entregaba su tarjeta de presentación a Juliet.

Ya estaba por amanecer y John no había podido dormir en toda la noche, decidió a eso de las 7 tomar una ducha, por si a Juliet se le daba por cumplir su cita, por lo menos tendría una hora para estar listo. Pasó un buen rato en la ducha, se afeito y se echó un poco de perfume antes de salir.

-¡Pero qué…! ¡¿Cómo entraste?!- Gritó exaltado al ver aquella fémina figura sentada en su cama-.

-Secretos del oficio, querido. No es muy difícil violar una cerradura- Respondió Juliet mientras de un salto se paraba de la cama. Husmeaba toda la habitación de John -Tienes un apartamento muy bonito ¿Cómo consigues el dinero para pagar algo así?

 -Secretos del oficio, querida. No es muy difícil conseguir dinero- Dijo John sonriendo ironía. Se dirigió al armario por su ropa, la inesperada visita en su habitación lo había hecho olvidar por completo que estaba apenas saliendo de la ducha y que aún llevaba solo la toalla puesta.

Al estar a unos escasos pasos del armario, sintió un leve roce en la piel del abdomen que lo hizo retroceder. Volteó y vio que Juliet estaba barajando un manojo de cartas y que una de ellas estaba insertada en la puerta del armario que hacía apenas un segundo, él estaba dispuesto a abrir.

-Excelente, ese me encantó. Pero ahora necesito mi ropa, no querrás que me quede así- Decía John volviendo a tomar la puerta del armario para sacar su ropa pero una vez más se vio obligado a retroceder, Juliet había lanzado otra carta, exactamente encima de la que se había insertado antes en la puerta del armario, destrozándola y tomando el lugar de la anterior.

-Ya entendí  que sabes usar las cartas, ahora por favor déjame ponerme mi ropa-

Juliet levanto la ceja un poco y le dio una pícara sonrisa -No creo que sea necesaria la ropa en este instante, lo que vas a aprender lo puedes aprender con o sin ropa y entre más rápido salgamos de esto mucho mejor- Dijo mientras reparaba el marcado cuerpo de John de arriba abajo-.

  -¿Me estás tomando el pelo? Irrumpes sin aviso en mi apartamento y ¿Pretendes que me quede casi desnudo toda la mañana?- John sonaba un poco irritado –Eso no estaba en la propuesta-

-Eso es exactamente lo que quiero, entonces… ¿Lo tomas o lo dejas? –Pregunto ella aun sonriendo, sabía que su contrapropuesta no será rechazada.

Juliet se encargó de explicarle a John su arte, como manejarla y como ponerla en práctica de manera correcta. Decía que esa habilidad la había heredado de su abuelo, que había sido en su tiempo, un maestro de las cartas. La intensidad de la enseñanza de Juliet motivo a John a trabajar más duro, habían pasado ya cuatro horas John ya se sentía un poco exhausto, le propuso a Juliet tomar un descanso para preparar algo de desayuno, ella acepto sin objeción, se moría de hambre. Ella con dificultad le contó que sus padres nunca aprobaron que ella mostrara a las personas lo que sabía hacer con las cartas y que en el último año la echaron de casa. No tenía más familiares en la ciudad, todos vivían muy lejos, por esa razón hacía lo que hacía y así había logrado sobrevivir desde sus 17 años.

Mientras John preparaba unos improvisados waffless, Juliet no paraba de mirarlo, se deleitaba con aquella espalda musculosa y descubierta. De a momentos le resultaba electrizante, le llegaba de repente el enorme deseo de arrebatarle lo único que traía puesto y dejarse llevar.

Por: Mr Amsterdam.

Rincón de las malas intenciones


Buen día, querido lector casual. Hoy traigo este pequeño espacio en mi blog, una nueva sección llamada “El rincón de las malas intenciones”.

¿De qué se trata?

Se trata de un espacio de relatos de carácter adulto con historias inspiradas en el placer, la seducción, la perversión y los malos pensamientos. Así que si andabas en busca de pasión y lujuria, ¡Este es tu lugar! Un lugar que, como su nombre lo indica, estará lleno de malas y prohibidas intenciones.

Esta sección de lectura erótica la estaré llevando en coautoría de la colaboradora del blog. Por fuera de la sección, aquí seguiré trabajando en mi escritura individual.

Espero vernos con frecuencia en este rincón.
Mr. Amsterdam.





Relatos de este rincón:

-Un juego de azar.


martes, 4 de febrero de 2014

Conocidos por casualidad (PARTE FINAL)

Después de un muy buen rato en un profundo silencio, Danielle decidió levantarse, soltó al caballo del árbol donde estaba agarrado y se subió, Tom sorprendido se levantó y le pregunto qué estaba haciendo, que si no se acordaba de lo que había pasado minutos antes por dejarla tomar las riendas del caballo.

  -Confía en mí, esto lo hago por los dos –dijo con una tierna sonrisa en su rostro-.

  -Pe-pero y si volvemos a caer o nos pasa algo peor, no me lo perdonaría –bajaba la mirada Tom en muestra de derrota-.

  -Solo te pido que confíes en mí, está vez, soy yo quien te pide que me dejes intentarlo, si llega a pasar algo será enteramente mi culpa –le extendió la mano a Tom, pidiéndole que subiera al caballo con ella-.

No tuvo mucho que pensar, confiaba en ella, de manera que no podía explicar cómo no podía ser capaz de decirle que no a Danielle, se subió con ella y le indico varias veces que debía hacer con las riendas y la fuerza que debía usar a la hora de frenar. Danielle dio un par de taconazos al caballo y esté arranco a trotar, aunque al principio se asustó un poco, logro tomar el control del caballo y empezó a disfrutar de la brisa haciéndole alocar su cabello y detrás de ella, ver a un chico que disfrutaba de ver la destreza con la que esa chica que hace muy poco tiempo, casi muere ahogada por indiscreciones de él y prácticamente obligarla a hacer algo que ella no sabía.

  -¿Cómo es que lo has dominado en tan poco tiempo? –Decía Tom con un tono de sorpresa muy notable-.

  -Pues solo quería demostrarte que todos podemos superar nuestros temores si estamos dispuestos a afrontarlos, mi temor era caerme del caballo pero ves que lo he dejado atrás y ahora puedo dominarlo, tú puedes hacer lo mismo con lo que sientes.

Tom se mantuvo en silencio a lo largo de la cabalgata, volvieron al mismo lugar debajo del árbol, volvieron a sentarse en el mismo sitio y dejar el caballo amarrado como antes, él seguía sin decir palabra alguna a lo cual Danielle tuvo que recurrir a romper el hielo.

  -¿Y qué tal estuve?

  -Genial, no había visto a alguien dominar tan rápido esto, realmente estoy muy impresionado –aunque las palabras de Tom sonaban muy genuinas, no le daba la cara a Danielle-.

  -Gracias, pero, no pareces muy convencido de lo que me dices, ni siquiera me miraste al decirlo –dijo con franqueza-.

  -Pienso en lo que dijiste sobre superar los miedos y ver como lo hacías tú, me hizo pensar mucho en que quizá solo he estado posponiendo algo que hace mucho he tenido que afrontar.

Danielle había logrado lo que desde el principio busco con lo que hizo, que Tom se diera cuenta de que por más fuerte o doloroso que sea afrontar algo, se debe enfrentarlo porque nada puede ser mayor que nuestras mismas fuerzas, no importaba cuánto tardará en entenderlo, por alguna extraña razón solo deseaba hacer algo para ayudarlo. Tom le dio las gracias, le dijo que nunca antes había querido hablar de eso con alguien porque siempre temía ser juzgado o no quería escuchar las mismas cosas que le dijeron por mucho tiempo cuando ocurrió aquel fatídico accidente, de cualquier manera, para haber sido la primera vez que le hablará de eso a alguien, había entendido cosas que jamás antes pensó y realmente estaba muy agradecido con aquella que horas antes, solo era una desconocida.

Ya estaba atardeciendo, los dos quedaron en un silencio profundo por un largo tiempo, solo querían disfrutar del paisaje que les estaba ofreciendo la naturaleza, la posibilidad de estar en paz en sus mentes, solo pensar en ese momento que pasaban y olvidarse que por fuera de todo ese verde natural existía una ciudad, una familia, una universidad y las responsabilidades que día a día los desgastaban, se sumergieron en ese momento, Danielle recostó su cabeza sobre el hombro de Tom y él paso su brazo por detrás de su espalda posando su mano en el hombro contrario de Danielle, para ser desconocidos aquella imagen demostraba algo totalmente contrario, eran como amantes destinados, almas que por fin se habían encontrado.

Hubo un momento donde un par de aves empezaron a adornar aquel atardecer con sus impetuosas alas blancas, dándole a aquel paisaje una razón más por la cual disfrutarlo con todas las ganas, se dirigieron una mirada, sudaron sus manos, temblaron sus voces.

  -Desde hace un momento, me pasa algo –decía muy forzosamente Tom-, siento un cosquilleo cada vez que toco tu piel, cada que te mueves o me miras y no dejo de ver tus labios.

  -¿Quieres besarme? –Pregunto cortante Danielle, pero en su voz se notaba un extraño tono-.

  -Más que nada en este momento.

  -Entonces, ¿Por qué no lo haces?

Inmediatamente después Tom se acercó muy pausadamente a los labios de Danielle, no podía controlar su respiración y podía escuchar el latir fuerte de su corazón, pero al mismo tiempo miraba a Danielle que parecía estar como él, su mirada se fijaba en sus ojos y de inmediato en sus labios, respiraba forzosamente por los latidos de su corazón acelerados, cuando estaban a solo un paso de tocar sus labios, sintieron como sus respiraciones se hacían una sola al estar tan cerca, estaban compartiendo el mismo aire y al sentir los suspiros del  otro por sus rostros, exactamente sobre sus bocas, se empaparon en el deseo de fundirse en un beso, las constantes electrocutadas en sus cuerpos, la sentían en la piel al punto de erizarla. No pudieron aguantar un minuto más y al tocar sus labios, los dos suspiraron al mismo tiempo, a lo lejos, se veía solo la silueta de dos personas uniéndose bajo la vista de un atardecer adornado, por hermosas aves blancas de alas majestuosas.

Lo que paso luego es cuestión de entender cómo Tom describió a Danielle, lo cual viene a continuación.

Ella, tan determinada, tan suspicaz, de una mirada que podría ser amenazante y en un segundo pasar a ser tan inocente y tierna que sería imposible no envolverte en ella.

Aquella chica de negros cabellos, ojos expresivos y oscuros, labios de una muy provocativa carnosidad… Ella, que con su baja estatura podría confundir a muchos, porque era de una fuerza impresionante y un ímpetu que contrastaba con su altura. Su inteligencia sobreexcedía sus propios atributos, haciéndolos todavía extrañamente más deseables, aunque no fueran muy vistosos, sabia llevar cada parte de su cuerpo, ella era tan sexy casi tanto como lo era de inteligente.

De muchos talentos, pero de modestia excesiva, lo cual en ocasiones podría ser molesto, pero no en ella. Sus pequeñas cosillas, como ella solía decirles, que muchas veces a ojos de otros podría ser una hermosa obra de arte.

Con un carácter magistral, una fiera indomable cuando se lo propone, aunque puede llegar a ser alguien muy dulce y profundo por otro lado… Cada aspecto de ella sorprende, dispuesta siempre a aprender cosas nuevas. Firme en sus decisiones confiada siempre de sí misma, con la capacidad de entender todo lo que pasa a su alrededor en cuestión de muy poco tiempo. Una mujer sumisa siempre y cuando se le sepa tratar, pero salvaje si no tuviste mucho éxito en tu estrategia al tratar con ella. Nunca la retes, porque no va a descansar hasta hacerte tragar tus palabras. Puede llegar a esconder miles de secretos bajo esa profunda y envolvente mirada, siempre sabes que tendrá algo para decir.

Ella es esa mujer que solo encuentras una vez en la vida, esa que si la dejas nunca la olvidaras, pues es ese tipo de mujer que se mete en tu mente para nunca salir, podrías decir que ella no es una mujer, ella “es la mujer”.

Tan difícil como escribir una perfecta prosa literaria es describir a esta chica, solo eres un novato que se le ocurre cierto poemita y cree que ya puede escribir un libro, con Danielle te equivocas, ella es como un libro abierto, donde no sabes dónde está el principio y poco te interesa encontrar el final, con ella aprendes a apreciar la buena literatura por ser ella una obra de magnitud indescriptible, ella te dará pase libre para que conozcas sus capítulos solo si eres capaz de entender lo complicado de sus páginas. Eso amigo mío es la verdad sobre está inigualable mujer, tan hermosa y sensual como solo yo podría imaginar, puedes verla como una bendición o una maldición, o quizá, un poco de las dos y si piensas en la última opción, usted ha elegido bien.




Dicho esto, pueden conocer en lo que Danielle se convirtió para Tom y si en realidad aún no se lo alcanza a imaginar, es porque está en el lugar equivocado.

jueves, 30 de enero de 2014

Conocidos por casualidad (PARTE 4)

Habían pasado ya tres años desde aquel suceso trágico en la vida de Tom. Fue en unas vacaciones de mitad de años, Tom, sus amigos y familiares fueron a una finca, a la cual por petición de Tom, llevaron unas cuatrimotos que alquilaron para aquel paseo. Al llegar e instalarse, todos estaban ansiosos por montar las cuatrimotos en el campo, pero no sin antes escuchar las indicaciones de los familiares.
  -Pueden recorrer toda la finca, hay varias represas, pero solo una esta sin crías de pescado. En esa les queda prohibido entrar, es muy profunda y de piso traicionero.
El padre de Tom explicaba que varias veces el barro lo atrapa en el fondo, pero todos estaban tan emocionados que no escucharon esta ultima parte, debido a que en la finca habían construido una piscina nueva y no tenían necesidad de ir a una represa, ellos solo querían andar sus cuatrimotos. Tom sugirió pasar por las represas, pues eran caminos planos donde podían disfrutar de la.velocidad de las motos y todos aceptaron sin objeción.

Tom iba con Alex, en ese entonces su mejor amigo, ellos se criaron juntos, como hermanos, él no sabia manejar muy bien así que le pidió a Tom que le enseñara ya que era campo abierto, seria más fácil para aprender, a lo cual accedió.
Alex aprendió bastante rápido, tanto que cuando iban llegando a los terrenos planos de la represa propuso hacer carrera, todos aceptaron, tenían la adrenalina a mil. Aunque Tom le pidió que le cedería el mando se la moto, Alex se negó rotundamente, estaba lleno de adrenalina y muy confiado por lo bien que había manejado hasta el momento.
Inicio la carrera, en cuestión de segundos Alex tomo la delantera, realmente había aprendido bastante bien y estaba demostrándolo, les tomo mucha ventaja a los demás, Tom emocionado le dijo que viera cuanta ventaja lea habian tomado, Alex volteo y rieron, pero perdieron de vista el camino y se dirigían directamente a un hueco, Tom alcanzo a verlo pero fue demasiado tarde.

Tom, trago en seco, se había paralizado, las lagrimas en su rostro se hacían mas constantes, pero no producía sonido alguno. 
  -Toma aire, cálmate, si no quieres seguir lo entiendo perfectamente solo quiero que te calmes -le decía Danielle mientras lo tomaba de las manos-.
  -N-No, es-esta bien, lo siento es que aún siento ese recuerdo demasiado intensamente.
Tom tomo aire, agarro fuerte las manos de Danielle y ella correspondió, agarrándolo también con fuerza.

Alex trato de hacer lo que pudo para esquivar el hueco, pero volcaron, la moto se disparo unos 4 metros, cayendo con Tom y Alex dentro de la represa traicionera, la peor parte la llevo Tom pues no sabia nadar, además de que su pantalón estaba atorado en una parte de la moto y esta ya estaba hundiéndose. Alex que por otro lado era un nadador experto, incluso había sido campeón de clavados, salio rápidamente a la superficie luego de caer, estaba un poco aturdido por el golpe en el agua, pero estaba bien, pero al no ver a Tom sino unas burbujas salir, se alarmo y nado rápidamente para ayudarlo. Se sumergió hasta el fondo, al llegar alcanzo a notar la moto a pesar de lo turbio del agua, inmediatamente diviso a Tom suspendido e inconsciente, lo halo pero se dio cuenta que tenia el pantalón atorado, hizo lo que pudo para zafarlo, lo consiguió y en ese momento otro de sus amigos que era el otro que sabia nadar llego a auxiliarlo y subió a Tom de inmediato, lo llevaron a la orilla y lo golpeaban en la espalda y presionaban su pecho para que reaccionara, luego de un instante notaron que Alex no salia. Tom despertó, pregunto de inmediato por Alex, a lo que respondieron que no había salido aún, no sabían que había pasado, pero que ya estaban en busca de él. Tom espero 15 largos minutos, los más largos se su vida, hasta que vio salir a Alex, todos intentaron reanimarlo para que reaccionara, pero no sobrevivió, al salvar a Tom, Alex había quedado enterrado entre el barro y la moto en el fondo, no pudo soltarse a pesar de todos sus esfuerzos. Tom tenía a su amigo entre sus brazos, su hermano, había muerto por salvarlo a el, entre gritos de dolor y llanto, la.vida de Tom cambio desde ese momento.

Luego de terminar la historia, hubo un silencio prolongado, Danielle estaba anonadada y Tom se estaba reponiendo de aquel recuerdo.
  -Nunca he podido superarlo sabes, todo fue mi culpa, todo lo que paso fue mi culpa y todos se encargaron de solo decirme que no lo era, pero sabia que lo decían por consolarme y me empezó a molestar -Tom parecía un poco más repuesto del recuerdo, ahora parecía tener rabia recordando las cosas que decían las personas-.
  -Pero Tom, es que no creo que lo dijeran por condescendencia o lastima, realmente no sabias que eso pasaría, antes de lamentarte tanto tiempo, deberías verlo como tu héroe, dio la vida por ti, como un hermano lo haría.
  -Lo sé, pero no puedo dejar de pensar en que pude hacer algo más y contigo, lo que paso contigo, tenerte en mis brazos y no reaccionabas, demonios no hubiera podido soportar algo así nuevamente, lo siento en serio, lo siento mucho -Agarro las manos de Danielle y acerco su rostro a ellas, suplicando perdón entre sollozos y lagrimas-.



miércoles, 22 de enero de 2014

Conocidos por casualidad (PARTE 3)

Al verse llegando a la orilla, luego de nadar un poco Tom, notó que Danielle no estaba cerca, al voltear vio cómo su mano se iba hundiendo y salió disparado a su rescate, tomo aire, cerró los ojos y lanzo una pequeña plegaria –no quería llegar tarde- y se fue al fondo de la represa, con sus manos buscaba algo que lo conectara con Danielle, puesto que no podía ver nada; sin embargo abrió los ojos y vislumbro una mano que parecía tocar el fondo, la agarro y halo con toda la fuerza que tenía hacia la superficie, ya se estaba quedando sin aire, Tom salió como pudo y llevo a Danielle a la orilla lo más rápido que pudo.
Asustado, con la respiración muy agitada por el agua que había entrado en sus pulmones trato de acomodar a Danielle lo mejor que pudo para hacerla reaccionar pues se encontraba inconsciente, le temblaban las manos y su corazón parecía que quería salir, estaba aterrorizado al punto de entrar en shock, sabía que todo eso había sido su culpa.

  • ¾    ¡DANIELLE! Despierta joder –gritaba Tom mientras agitaba el cuerpo inmóvil de la chica en sus brazos- ¡por favor, despierta, lo siento carajo! No tenía idea que esto pasaría por mi estupidez.


Tom rompió en llanto por la desesperación, se dio un par de golpes en el rostro y se dispuso a darle reanimación a Danielle, había tomado un par de clases en la universidad sobre primeros auxilios, la había tomado para conocer a una chica, nunca pensó que alguna vez tendría que utilizarlo.

  • ¾    1, 2, 3… ¡VAMOS MALDITA SEA, REACCIONA! –contaba Tom al darle reanimación a Danielle, estaba empezando a desesperarse y las lágrimas cayendo por sus mejillas no lo estaban ayudando.


Lo pensó un segundo y recordó que también debía darle respiración boca a boca, así que se secó un poco las lágrimas y siguió intentando reanimarla por 2 minutos seguidos sin descanso, ya sus brazos parecían no responderle pero él seguía con la poca fuerza que le quedaba, volvió a estallar con un grito ahogado por su llanto, hasta que… -se escuchó una tos fuerte- Danielle se estremeció, se levantó y arrojó una gran cantidad de agua de su boca, Tom la tomo de la espalda para ayudarle a sentarse y que pudiera calmarse.

  • ¾    Qué… ¿Qué nos ha pasado?
  • ¾    Por mi culpa casi nos matamos, lo siento, de verdad discúlpame, no tenía que algo así pasaría.
  • ¾    ¿PERO QUÉ ERES IDIOTA? Maldita sea claro que debías saber que algo así pasaría, te dije que no sabía manejar el puto caballo y me soltaste las pitas esas –Danielle ya había reaccionado y muy contrario a lo fría que estaba unos minutos atrás, estaba hirviendo su sangre como nunca.


AL principio, se le fue dificultoso decir palabra alguna a Danielle, pero luego de escuchar a Tom, recordó todo lo que había pasado y sintió arder su sangre más que nunca, quería molerlo a golpes pues lo que había hecho casi les cuesta la vida; sin embargo se sorprendió cuando al disponerse a vaciar toda su ira sobre Tom, este estaba acurrucado, llorando desconsoladamente, decidió tragar sus reclamos por un momento y preguntarle qué pasaba

  • ¾    Pero, por otro lado te agradezco mucho, de no haber sido por ti, quizá estuviera en el fondo de la represa ya en otro mundo.
  • ¾    Pues fue mi culpa que en un principio cayeras allí –dijo levantando un poco la cabeza y con el rostro empapado en lágrimas-, además tampoco soy tan estúpido como para no darme cuenta que lo haces es porque me has visto llorar y quieres hacerme sentir mejor, pues ahórratelo no lo necesito.
  • ¾    ¿Pero qué culos te pasa? Estoy intentando que te calmes y parece que tú fueras al que le está hirviendo la sangre aquí.
  • Una oleada de confusión tuvo Danielle en aquel momento, Tom estaba bastante mal, pero al mismo tiempo parecía igual de molesto que ella o quizá aún más.
  • ¾    Bueno, no digo nada, pero dime entonces, ¿Por qué lloras? –le decía mientras se acercaba un poco a él.
  • ¾    No es de tu incumbencia.
  • ¾    Pues ahora lo es, casi me matas, creo que lo mínimo que puedes hacer es contarme porque te comportas así.
  • ¾    ¿Estás tratando de chantajearme? –dijo Tom con una leve sonrisa en su rostro.
  • ¾    Pues claro, ¿O es que también te vas a molestar por interesarme en que es lo que te pasa? –Danielle le devolvió la leve sonrisa a Tom, con el fin de que se sintiera un poco más confiado.


Trago el nudo en su garganta, por una extraña razón, sentía que ella le transmitía mucha seguridad y confianza, incluso desde mucho antes. Sintió deseos de decirle todo lo que sentía, lo que lo había estado atormentando desde hacía un par de años. Era un suceso de su vida que nunca había logrado superar, nunca había sido capaz de enfrentarlo realmente.

  • ¾    ¿Cómo es que puedo confiar en ti? Dame una razón para no pensar que le dirás a alguien más.
  • ¾    Casi me matas y aun así quiero escucharte, ¿No es eso suficiente para que confíes en que esto no saldrá de aquí?
  • ¾    Está bien, pero por favor, las preguntas que vayas a hacer, piénsalas dos veces porque a la primera que me haga sentir incomodo la verdad es que no podré decir más.
  • ¾    Lo intentaré –finalizo Danielle con una tierna sonrisa, para darle un poco más de confianza a Tom, la verdad es que ya no estaba molesta, solo pensaba en escucharlo en ese momento.


Tom le indico que se sentaran debajo de un árbol que yacía a unos pocos metros de donde estaban, debían aprovechar la sombra pues aún estaba soleado. Ella fue directamente hacía el árbol, mientras él trataba de controlar al caballo que minutos antes había causado el accidente, luego de calmarlo, lo acaricio y lo amarro al árbol donde estaban. Se sentó al lado de Danielle, la tomó de las manos y sintió un corrientazo al tocarla, no había sentido esa sensación antes, pero lo más curioso de todo fue que sintió que Danielle, se estremeció un poco, de cualquier manera trato de hacer como si eso no hubiera pasado y le dijo…

  • ¾    ¿Sabes? No sé si puede hacer esto, la verdad no estoy muy seguro.
  • ¾    Me lo suponía, si no quieres hablar de eso conmigo lo entiendo, pero realmente quiero escucharte, mírate aún salen lágrimas de tu rostro y pareces más calmado, estás muy mal y eso que fui yo quien se llevó la peor parte de todo esto.
  • ¾    Tal vez, no estés muy segura de eso, quizá en cierta manera la peor parte fue para mí –agacho la cabeza y la metió entre sus rodillas, había vuelto el nudo en su garganta.
  • ¾    Dejémoslo en un empate por ahora, más bien dime: ¿Cómo te sientes?
  • ¾    Mal, aunque no me haya pasado nada físicamente.
  • ¾    Ya te lo he dicho y creo que te lo he demostrado, puedes confiar en mí, la verdad nunca había estado más dispuesta a escuchar a alguien como lo estoy ahora contigo –le dijo con una tierna sonrisa y un meneo curioso con su pelo, esto apaciguo los nervios de Tom.
  • ¾    Es qué… Esto es muy difícil…


Tom tartamudeaba, iba a romper a llorar nuevamente cuando en un acto inesperado… Danielle le dio un abrazo, un muy fuerte abrazo, Tom sintió ese abrazo como los que las personas se dan luego de haber pasado muchos años sin verse y de extrañarme mucho, lo sintió en el alma, se calmó su corazón de las preocupaciones, ahora estaba acelerado por aquel gesto de la que hacía unas horas era una desconocida. Fue como si le abrazara el alma y calmará todo su ser, aunque tardó en reaccionar, también la abrazo y se sintió aún más intenso, sintió deseos de nunca soltarla, pero se había decidido… Le contaría a Danielle, ya había pasado mucho tiempo, estaba por anochecer pronto.



jueves, 9 de enero de 2014

Una visita inesperada

Fue cualquier día de agosto, cuando sucedió lo más inesperado que hubiera pensado.
Transcurría un día normal, mi familia en casa departiendo unos tragos con amigos y yo como en días anteriores charlando contigo por el móvil. Hacia un par de días me habías dicho que querías conocer mi casa, a lo que exigí de la emoción que fuera pronto; sin embargo no habíamos fijado el día, pero esa misma tarde un "Ya salgo para allá, espérame" me hizo temblar hasta los cabellos más cortos en mi cabeza, acepte de inmediato pues deseaba verte, pero al mismo tiempo tenía los nervios de punta, recordaba como me había sentido la última vez que te había visto, con esos besos que prefiero no recordar por temor a estar más nervioso.

Fui a tu encuentro, ansioso y deseoso de poder pasar una tarde tranquila contigo; como no sabias exactamente donde vivía elegimos un punto de encuentro y allí estábamos los dos, listos para tomar el camino hacia mi casa, al llegar, sentí tu incomodidad, era la primera vez que estabas allí y no conocías a mis padres, no importo y te hice pasar... Luego de largas charlas, supe que estábamos solo
s en casa -por fin-, tenía tantos deseos de besarte y volver a sentir todo ese calor que abrasaba mi cuerpo cuando tocaba tus labios, pero no había tenido la valentía de hacerlo. Me acerque un poco a ti y te dije cuantas ganas de besarte tenía, tu respuesta fue más que clara, pues medio segundo después nos sumergimos en un profundo e intenso beso, tome de tu cintura y te apreté hacia mi... Te agarre de una de tus piernas y la cruce por encima mio, te subí arriba de mi, los pocos centímetros que me separan de ti parecían kilómetros, no nos dijimos palabra alguna, nuestros cuerpos hablaron por nosotros y el ardiente deseo.
Mientras te besaba locamente por el cuello, parecía que ibas a hacer lo mismo, cuán equivocado estaba, un mordisco y perdí los estribos, me lance a solo desnudarte -como era eso posible, minutos antes solo creí poder besarle-, ella hizo lo mismo conmigo, me subí encima, quería ver la parte desnuda de su cuerpo e intente terminar lo que había empezado, solo quería que estuviera totalmente desnuda, pero un pensamiento me atacó -iré demasiado rápido, esto no debería pasar ahora si en realidad quiero demostrarle que quiero en serio algo con ella-, lo cual fue demasiado notorio, salieron las primeras y únicas palabras de aquel momento.

   -Que pasa? -dijo entre gemidos esa hermosa mujer, lo cual solo hizo desearla más.
   -Es que no quiero que pienses que vamos demasiado rápido, estás segura de esto?

Lo siguiente fue la mejor respuesta que nunca antes había recibido, un beso tan ardiente como el que inicio todo y otro mordisco para que nuevamente perdiera los estribos y las ultimas palabras de aquel momento fueron dichas por mi y eran: "Ya que insistes" y me lance a arrancar su ropa, ella hábilmente arranco la mía y me fundí en el calor de su piel, la poseí como nunca lo había hecho a una mujer, quería pegarme a su piel y desbocar todo el deseo que estaba sintiendo por ella en ese momento, solo quería más de ella, quería hacerla más mía... Sin piedad le di todo de mi, hasta que algo abrupto interrumpo aquel momento, no pudimos concretar lo que parecía la primera vez que alguien puede probar el elixir de la vida y se queda solo agarrando la copa, pero no por eso fue especial, porque ese es uno de esos recuerdos que por más que intentes, no saldrán de tu mente jamas.